SieteNotas

Sordromo en Sala Zitarrosa

19/07/2001

"el sonido vil..."

"El sonido vil / Que te hará sobrevivir / Te sumergirá / Entre notas de verdad". Así dice Sonido, el track número 9 de Aquí... ahora, el segundo y último disco de Sordromo. Y es tal cual. Esta banda, para algunos representativa junto a Elefante de lo mejor de la tercer generación subterránea del rock nacional; en vivo es una aplanadora, suena realmente poderosa.

Escucharla es dejarse naufragar en un pop "ruidoso" como ellos suelen decir, pero a la vez eufónico, cadencioso; que sorprende a veces con excepcionales baladas, y que despliega siempre gran energía y potencia.

Un sonido estentóreo pero no horrísono, adrenalínico y altamente melódico; que invadió la Sala Zitarrosa el pasado 19 de julio; y que a través de estas líneas, intentamos reseñar.

Gnomos

Aunque tocaron apenas cuatro temas, en menos de 20 minutos; los teloneros merecen un capítulo aparte.

Mostrando un sonido cuidado, contundente y peculiar, Gnomos, una de las bandas que integran junto a Kato, Elefante, Loop Lascano, Camote, Samurai Porno, Pólvora en Chimangos, Cuarto Poder y el propio Sordromo, el compilado Perdidos, que registra como una polaroid lo más representativo del under rockero actual de Montevideo; se ganó a un público que no había ido a verla, y que en muchos casos, la desconocía.

Seis integrantes, cuatro de ellos en guitarra, brindaron un petit concierto que navegó básicamente por una sección acústica, que incluyó bellísimas composiciones como Señales de humo, Cambio profundo y Luna tribal.

Las influencias del sonido Seattle de Nirvana y de Pearl Jam, travestidas con matices propios de estas latitudes, convierten a la banda en una propuesta musical con un color personal bien interesante; que en la ocasión, supo sorprender y cautivar.

Sordromo

Pasadas las 10 de la noche -una hora después de lo previsto- Sordromo subió a escena, abriendo el show con Sr. Spock II, el tema que da comienzo a su último material.

Presentándose en formato cuarteto con Rodrigo Gómez en guitarras, programaciones y voz; Fernando Varela en batería; Mario Davrieux en bajo y teclados; y Sebastián Laurito en guitarra; la banda interpretó algunas canciones nuevas, haciendo básicamente una recorrida por Aquí... ahora: su más reciente trabajo discográfico, editado por el sello Koala y producido por el ex peyote asesino y devenido productor artístico: Juan Campodónico.

Luego de la apertura, los temas Perdidos y Na Na Na continuaron el primer set, que se completó con Hay un hueco en la pared: el temprano clásico incluido en Supermarket, su álbum debut; y con algunos temas nuevos que, cabe decir, siguen la línea compositiva del material anterior: manteniendo arreglos elegantes y sofisticados; con un sonido guitarrero aún más marcado; y con letras menos abstractas, más simples y despojadas, como el estribillo de lo que seguramente será su próximo hit: "Esto es solo una canción / Trata de alcanzarte / Darte una ilusión".

Después de compartir escenario con el primer invitado: el vocalista de Gnomos; la segunda de las tres secciones empezó con una excelente versión tecno de Me quedo contigo, el conocido flamenco de Los Chunguitos, que fue sin duda uno de los momentos más altos de todo el espectáculo; y prosiguió con explosivas interpretaciones de Vitamina y Laberinto.

Posteriormente vino el segmento del recital durante el cual, la banda que fuera telonera de Lou Reed en su show montevideano, sumó a su segundo invitado: Julio Berta, un joven y prometedor guitarrista, que asistió a Daniel Báez en la mezcla y a Juan Campodónico en la edición digital de Aquí... ahora.

Lúcido y talentoso, Berta los acompañó en la interpretación de Lejos de mí y también de Como un sueño: simple que grabaron recientemente con él, y que ya está sonando en algunas emisoras.

Su enérgico apoyo fue una dosis de fresca inspiración, que logró ponerle condimento a una performance impecable que, como no podía ser de otro modo, finalizó con una versión pop electrónica de Despedida: la popular retirada de los murguistas Asaltantes con patente; que fue coreada primero, y ovacionada después, por todo el público presente.

Para la sección final de bisses, lo mejor: dos temas lentones, que son el fuerte de Sordromo: Diecisiete y 101; excelentes ambos; un cover en inglés de los legendarios Duran Duran; y el éxito de la banda: Vuelve, la canción dedicada a Blanca Rodríguez, que hizo vibrar a los presentes, que sólo allí, se pararon para corear como una hinchada de fútbol afinada, el ya clásico hit.

Dedito pa'bajo, como dijera la gente de Guambia, solamente para una cosa: la frialdad de la banda. Quizá la sorpresa de haber logrado, pese a la lluvia, colmar las instalaciones de la Sala Zitarrosa; asociada a la lógica cuota de nerviosismo que eso implica; dio como resultado una actitud un tanto rígida, distante de más; para con un público que, por el contrario, se mostró cálido, receptivo y aplaudidor.

Como dijera un cronista refiriéndose a uno de los últimos conciertos de Madonna en Inglaterra:

"Burbujeante pero frío. Como el champagne".

Analía Camargo

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