SieteNotas

Mtro. Esteban Gil, Nosotros y el sonido

16/11/2000

Cuál es la relación que existe entre nosotros y el sonido? Existe alguna relación? Como puede influenciarnos? Podemos manejar el sonido para mejorar nuestro ser?

Estas y algunas otras preguntas, son las más habituales en torno a la temática del sonido y su capacidad curativa. También nos las planteamos muy a menudo quienes de una manera u otra estamos ligados al mismo, ya sea como artistas ( músicos), como terapeutas (técnicos que utilizan el sonido como medio de un tratamiento curativo), o bien como personas corrientes que estamos expuestas continuamente a él. Pues bien, para contestar estas preguntas y muchas más sólo hace falta remitirnos a la historia de la humanidad ; sin entrar en lugares, comunes sería interesante echar un vistazo a la utilización que le han dado diferentes culturas de nuestro planeta al sonido como para tener una referencia y darnos cuenta que es un tema tan antiguo como la historia misma. Sonido y sanación han ido de la mano siempre.

Ancestrales Tradiciones Sonoras

En Oriente el tema del sonido fue piedra fundamental para construir un mundo en armonía con el universo. Por ejemplo, en la antigua China existía una medida llamada Lü la cual se obtenía llenando un trozo de caña de bambú con granos de arroz; el sonido que se lograba luego de rellenar la caña era el sonido primordial y capaz de encauzar al resto de los sonidos de la naturaleza, lo cual promovería bonanza en todos los órdenes: paz, buenos cultivos, salud y hasta un buen reinado del Monarca que ocupara el gobierno en ese momento.

La india tiene una gran variedad de formas de entender y vivenciar el sonido, la más divulgada son los famosos Ragas, extensas melodías de sonidos ordenados de tal forma que solamente deben ser tocadas en determinados momentos del día y quienes las escuchan entran en armonía con las mismas y hasta pueden ser utilizadas como medio de superación espiritual. Los monjes Lamas Tibetanos utilizan sonidos de muy bajas vibraciones para realizar sus meditaciones ya que estas vibraciones reiteradas y continuas logran que todo el ser entre en la frecuencia que permite estar en paz.

En nuestro propio continente, a saber, todas las culturas indígenas también mantienen una estrecha relación con el delicado tema de manejar el sonido. Por citar a una de las culturas más conocidas y próximas a nosotros, los Mapuches del sur de Chile hoy en día realizan ceremonias en donde su música es fundamentalmente propiciatoria, esto quiere decir que tiene una finalidad específica; el Kultrúm o timbal Mapuche reviste una importancia vital en el desarrollo de la vida de la comunidad, y como dato ilustrativo lo puede ejecutar solamente su dueño, que además es sanador, y por si fuera poco tiene la voz del ejecutante gritada dentro del mismo antes de ser cerrado con el parche de cuero.

Así podríamos enumerar una lista agotadora de étnias, instrumentos y métodos de utilización del sonido como medio de ayuda permanente que hoy en día se emplean, y muchos investigadores de los más diferentes lugares del mundo están atentos a las experiencias que se realizan sobre esta particular capacidad que el hombre ha utilizado a su favor, en los tiempos de los tiempos.

Nuestro sonido personal

Del mismo modo que cada persona tiene sus rasgos propios que la identifican del resto de los demás, su color de cabello, rasgos faciales, color de piel, ojos, contextura física etc., también cada uno de nosotros tiene su propio rasgo vibratorio (rasgo sonoro) que nos identifica; y cada punto de nuestro ser tiene un rasgo vibratorio que lo identifica.

Existen tres grandes centros de energía (frecuencias sonoras) sobre los cuales coinciden la mayoría de las antiguas culturas y que se pueden identificar en los siguientes puntos corporales: 1) El entrecejo, 2) El centro del pecho a la altura del esternón y 3) Por debajo de la cincha abdominal a la altura de la pelvis; cada uno de ellos responde a una frecuencia (sonido) determinada, que a su vez regula el resto del organismo. Aplicando sonidos puros sobre estos centros es como se los puede estimular para que varíen su vibración (si es que ésta se encuentra fuera de lugar) o bien aumentar su intensidad para corregir algún posible déficit de equilibrio que tengamos. Un ejemplo claro de esta técnica son las cantilaciones o cantos de cortas melodías reiterativas que se utilizan tanto en meditación como en las diferentes religiones que existen; otro más afín, es la emisión de un solo sonido como el OM utilizado en ciertas prácticas meditativas hindúes. Hoy podemos tener un contacto sumamente directo con estos centros energéticos a través de la estimulación por diapasones (instrumentos que generan y transmiten frecuencias puras), que nos permiten por medio óseo llegar al centro deseado y vivenciar inmediatamente el cambio de frecuencia, logrando el resultado buscado en cada aplicación.

Si no podemos acceder a esta técnica probemos simplemente con masajear en forma muy suave estos tres puntos anteriormente mencionados y atendamos al cambio que nos generan.

En conclusión: es posible lograr un equilibrio interior por medio del manejo del sonido y no sólo eso sino también hacer de ello una práctica cotidiana que nos asegura una mayor estabilidad corporal-espiritual. Claro está que cualquiera de estas prácticas es recomendable que se realicen bajo la supervisión de un instructor experimentado el cual nos pueda facilitar los pasos de nuestro autoconocimiento.

Por más información:
ARTE-SANO
Tel.6003290
estca@adinet.com.uy

Mtro. Esteban Gil

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