SieteNotas

Volver al futuro (La obra de Jorge Lazaroff)

01/06/2007

I

No da ni para empezar a hablar de la posibilidad de una música que parezca venir de un probable futuro, cuando a los artistas les cuesta ponerse a tono con su propia época. Es algo que no puede concebirse, mucho menos hacerse, y es absolutamente imposible de entender si contra todo, alguien consigue poner una pieza de tal calaña sobre la mesa de la realidad.

Jorge Lazaroff comenzó a correrse hacia delante en su segundo disco de 1983, en consonancia con un impulso de época de curiosidad por lo nuevo y una circunstancia cultural que había prohijado entre seis y diez discos de altísima calidad, en el breve lapso de dos años.

Los tiempos sin embargo, iban a virar su sentido y de la búsqueda de nuevos horizontes se pasaría a la estabilización y la regresión del lenguaje estético. En medio de esa fase de cambio que se fue dando de manera gradual, Lazaroff preparó su salto más largo.

Primero, organizando junto a Leo Maslíah el espectáculo “Irrestricto” (Buenos Aires, Rosario, Montevideo), con materiales de su disco Dos y varias de las composiciones que integrarían su próximo fonograma. Ya desde el nombre del ciclo (que aludía a un eslogan político muy utilizado entonces: libertad irrestricta a todos los presos políticos) como desde los extensos diálogos que entre canción y canción cruzaban Maslíah-Lazaroff, el tiempo histórico (que siempre es devenir social y personal) se cocía con humor y un afilado cuestionamiento crítico.

En el texto “El dúo” por ejemplo, se incluye una frase repetida hasta el hartazgo en la discusión política de comité de aquellos años -“hay que esperar que se dé la coyuntura, (…) que la correlación de fuerzas me favorezca”- que si veinte años después hubiera dejado de utilizarse como una tara cultural, cada vez que se quiere explicar el eterno inmovilismo de los uruguayos, podría considerarse como una referencia nada más que oportuna para el momento. La persistencia de las mismas excusas para nunca hallar soluciones y girar siempre como un trompo sobre el mismo punto, convierte a ese tramo del texto de Maslíah en un clavo ardiente que desenmascara y se ríe de esa conducta uruguaya, en una especie de continuo atemporal.

Del mismo modo en el tema “De generaciones”, hay una implacabilidad con el consuetudinario lugar común de justificar el abandono de algunos intereses humanos primordiales en nombre de otros igualmente importantes y no necesariamente incompatibles: “siempre hay excusas para dar: / yo en mis hijos debo pensar / en cuál futuro les via a dar”. Y claro que cuando seguidamente Lazaroff pregunta con tono lacerante “¡¡¿cuál?!!, ¡¡¿cuál?!!”, no puede evitarse observar con la perspectiva que proporciona el paso del tiempo, que ni la renuncia ni el sacrificio de los ideales, le han dado una mejor vida a esos hijos. Más bien que se han quedado con un país sustancialmente peor.

La grabación de su tercer disco a la que se abocaría desde fines del año 84, era el segundo y definitivo movimiento para cerrar su gran salto.

II

Lazaroff acaso sintió, que el pasaje de la dictadura a la democracia (1984-85) implicaba un cambio más profundo que ese trueque de figurines que finalmente fue, y para ser consecuente, produjo un disco mutante como Tangatos, con unas pocas canciones que parecían dispararse como flechas hacia el porvenir. Pero al mismo tiempo era consciente, que para las mayorías, el cambio había que dejarlo transcurrir con naturalidad, sin empeños por impulsarlo o llevarlo hacia algún lugar, casi como en una especie de fiesta de desahogo de más de una década sin libertad de expresión y apenas eso.

Por eso el “Choncho” Lazaroff utilizó el canto coral de las consignas callejeras no sólo como un recurso musical, sino como manera de alertar sobre su vano y desgastante ejercicio, y como una ocasión para ironizar sobre tanta cosa que se sostenía nada más que de la boca para afuera. En medio de una manifestación de aquellos años, un individuo gritaba por ejemplo: “¡¿Somos o no somos?!” y el coro multitudinario respondía: “¡Somos!”.

Sarcásticamente, Lazaroff hace responder a un coro de muchachitas “somos cromosomas como gomas” (y si es cierta la teoría de que las aptitudes adquiridas en vida pueden llegar a cargarse a nivel cromosomático, es evidente que todo lo que los uruguayos han sabido tolerar sin chistar en los últimos cuarenta años, que esa cobardía que mal nombran como cultura cívica, ya debe formar parte de nuestro ADN / no me refiero a los connacionales que se han beneficiado con las políticas aplicadas ni a los pocos que se han opuesto a las mismas sino, al gran paquete de personas que se han bancado

el pachecato
las medidas prontas de seguridad
la muerte de estudiantes en las calles
la tortura como práctica
la dictadura
el pacto del club naval
una democracia tutelada una democracia a medias ¿una democracia?
la ley de caducidad
el secreto bancario la existencia de secretos
la desigualdad ante la ley
la corrupción institucionalizada
la censura
el nepotismo el acomodo el dedazo
la reducción a un tipo de vida subhumana
un bolsillo más flaco
un bolsillo vacío
un estómago vacío
la indigencia

/ y que siempre se ha tenido una excusa a mano para liberarlos de la responsabilidad que les cabe en esta historia / y que evidentemente deben tener gomas en sus cromosomas sino no se entiende, cómo hacen para que toda esa fila de horrores siempre les reboten), o se burla de las consignas más clásicas llegando a ser profético: “se va pa’lar la dictapura liberal”.

Si su disco anterior (Dos, 1983) fue un ejercicio equilibrado entre fuerza innovadora y sustrato cultural (incorporando la musicalidad de un relato de fútbol o el recitado de un niño cantor de la lotería para: 1) no caer en el panfleto al describir la realidad, 2) sumar elementos de identidad, y 3) producir novedad desde el hemisferio sur) dentro de códigos armónicos más o menos aceptados y donde la estructura de la canción nunca se perdía de vista como punto de referencia, en Tangatos (1985), el equilibrio se rompe y la innovación viaja tan lejos, que los muros de la canción acaban desmoronándose.


.Irrestricto (Perro Andaluz Records, Montevideo 2006)
.Tangatos / Pelota al medio (Ediciones Ayuí, Montevideo 2005)

Leonardo Scampini

Comentarios
08/06/2010 | Patricia
pucha, que buen articulo. fuera del ambiente poco se sabe del choncho... una lastima!
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“…Es como preguntarle a la vaca por qué come pasto: porque le gusta y porque esta ahí. Para nosotros los sonidos tangueros son el pasto, como lo son la batería o la guitarra eléctrica”.
L-Mental (Kato), 04/11/2004
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