SieteNotas

Nicolás Arnicho, El ritmo de “la aldea global”

01/06/2007

Después de un peregrinaje de cuatro años que lo llevó por lugares diversos, como España, Portugal y Francia, Nicolás Arnicho aterriza en Uruguay con su primer disco solista “Batuques y Batidas”, una fusión de culturas y sonidos del mundo. Una obra para zambullirse en el arte de la percusión, en la sensibilidad del instrumentista o simplemente en la espiritualidad que emana cuando la música se goza.

Cuando definís Batuques y Batidas decís: “Este disco es accidental, es una gran catarsis”.

No fue un disco pensado como: “Voy a armar un disco mío, solista”, para nada. Esto es un guiso de cosas que yo fui grabando de cuatro años a esta parte, que vengo grabando por ahí, en España, en Portugal, acá en Uruguay, en Francia. Pero cosas anecdóticas. Yo doy clases en una escuela en España que tiene un estudio de grabación muy bueno, donde metía los alumnos y grabábamos cosas o me metía yo una tarde a grabar cosas mías.

En Portugal, con los músicos que toco allá: “¡Bo! Tengo un tema”. “¡Bueno, ta!”. Le pongo una letra y le grabo la percusión y lo grabamos en la computadora. Otro brasilero, que tocaba en Portugal: “¡Che! Vamos a grabar estos temas que están buenísimos”. Bueno, me traje unos de recuerdo. Unos cubanos amigos que también tocaban en Portugal: “Tengo un par de cosas que quiero que hagan conmigo”. Acá, con Nicolás Ibarburu que estaba grabando un disco el año pasado, grabamos y se les puso unas letras a algunos temas de él.

Fueron cosas que fui grabando, cosas mías, particulares, tenía como diecisiete temas metidos en la compu; era un disco casi. Entonces se lo llevé a Federico, del sello (Montevideo Music Group), y dice: “¡Sí, vamo´ arriba!, buscale un nombre”. Batuques y Batidas. Armé una canción con el nombre del disco para que fuera un poco el corte del disco y se le sumó la “Canción Final”, de la murga (Agarrate Catalina), la del “plato volador” (hung drum), que fue un exitazo en el carnaval por el instrumento y demás. Entonces hice la versión con la murga, obviamente, y la versión con la letra mía, que son dos temas más.

Todas las letras de este disco son composiciones tuyas. Incluso está la canción que cantás junto a Agarrate Catalina, que es un de los temas más reconocidos por el suceso que tuvo en el carnaval. ¿Te gusta escribir o preferís la comunicación a través de los sonidos?

La que tocamos con la murga es de Yamandú (Cardozo), es mi música, yo llevé la canción y él puso la letra. La otra, que canto con Estramín en el disco, la letra es mía y todas las letras del disco son mías, así como todas las letras de La Tribu Mandril eran mías… las letras de un disco (La mente en negro) que yo grabé para Ayuí hace como quince años, son todas letras mías. A mí me gusta escribir. Es que nunca me propuse ser cantautor, digamos, porque siempre agarré por el lado del ejecutante, del músico, del instrumentista. Pero es algo que cuando necesito hacer lo hago y me gusta, sólo que no tengo el hábito de escribir por escribir. Lo he desarrollado en base a una necesidad: hay que hacer una canción para el disco, la hago en un día. La de la murga fue en una mañana. No es algo que no lo pueda hacer, cuando me propongo lo hago. Obviamente, tengo que aprender carreteras y carreteras en cuanto al arte de escribir. Me gusta mucho escribir, me gusta mucho cantar y es una cosa que siempre la dejé de lado, y es algo que realmente me seduce.

En este trabajo la variedad de ritmos que engloba le da un aire internacional pero también hay una preocupación por plasmar los sonidos locales. Hay candombes y coros de murga. A pesar de toda tu experiencia la murga es un género relativamente nuevo en el que te animaste a incursionar. Hace dos años que salís en la batería de Agarrate Catalina.

Para mí es todo un aprendizaje. En comparsa, de los diecinueve, veinte años que ando en la vuelta. Si bien no soy candombero de estar siempre en una comparsa, conozco gente de Cuareim y me es más cercano el candombe que la murga. Yo soy más del palo del candombe que la murga, pero era una cosa que quería vivir y a través de la Catalina como que se me dio esa posibilidad y está buenísimo: ¡es una locura!

Estuviste en muchos países estudiando y enseñando, Brasil, Cuba, España… A partir de todo ese conocimiento empezaste a fusionar diferentes ritmos (afro-cubano-afro-hindú-afro-uruguayo) que están plasmados en Batuques. ¿Sentís la necesidad, para la realización artística, de ese peregrinaje?

Para crear hay que estar en un lugar. No hay que estar yendo y viniendo. Cuando voy y vengo traigo cosas que después, en un sitio instalado, toman forma de arte. Pero yendo y viniendo es muy difícil crear. Yendo y viniendo, como hace seis años que ando para arriba y para abajo, es difícil que me aísle. A la vuelta de Cuba me armé La Sandunguera y estuve tocando como dos años sin parar con un grupo radicalmente nuevo acá en Uruguay, y fue fruto de ese viaje. A la vuelta de Bahía me armé La Tribu Mandril y Ofrenda, y estuve cinco años laburando con cosas que no había acá fruto de todas esas experiencias. Ahora me está faltando esa instancia. Después que me fui para África y me quedé en Europa no me quedó un tiempo para darle forma a todas esas cosas que vengo viviendo.

¿Cuánto de espiritualidad encontrás en la música? ¿Tiene que ver con ese sentido de exploración que también se percibe en este disco?

Supongo que a todos los músicos, artistas en general, les debe pasar algo parecido, que hay un tema de diversión, de ego, de bobería. Pero supongo que a lo que uno va creciendo, esas capas es como que van dejando pasar al frente lo otro, que es como lo más primitivo y lo primero que te hace agarrarte a un arte; como cualquier vocación, que es el amor y la conexión espiritual que uno tiene con eso que hace, en este caso la música. Yo eso es algo que trato de cuidarlo y de priorizarlo. A veces hay situaciones en las que hay que ir a divertirse, a trabajar o a buscar un cachet; hay que ir como navegando, todo forma parte de esta profesión. En mi caso, el poder tener presente y estar sensible a todo lo que espiritualmente se mueve en uno cuando está laburando, creo que es algo que hace una diferencia. Que vos disfrutes, crezcas, mantengas la ilusión, la inocencia de cuando comenzaste a desarrollar una vocación… Es poder estar en contacto con esa experiencia, con la emoción, la emoción que te da eso que hacés y que elegís hacer por amor al arte.

¿Para un percusionista siempre es el comienzo?

Ahora me quiero ir a un país a estudiar, que capaz este año si me voy a Europa me voy para ahí, que es lo que me faltaría hacer… como los lugares que yo anhelé y soñé de niño ir, o sea que ahí ya tengo un capitulo pendiente, concreto y puntual. El tema es que las cosas que yo he aprendido por ahí, vos lo que te traes es como la pulpa de la fruta, la vivencia en la piel, en los olores, en lo que viste, en lo que escuchaste y en lo que aprendiste a tocar. Eso vos lo traes contigo. Pero después hay un instrumento que tenés que estar arriba de él y darle hasta que empiece a caminar y sonar… o sea, que eso no para nunca, no hay un techo.

¿Llevás la cuenta de cuantos instrumentos sabes tocar?

Que intento tocar seguramente muchos. Me voy de viaje y es como el vicio, como hay gente que le gusta comprarse zapatos. El año pasado me puse a tocar Dijeridoo, una caña que tocan los indígenas de Australia. Me traje de Europa seis Dijeridoo, al cuete porque apenas puedo tocar uno.

Docente de los Talleres de Percusión del TUMP (Taller Uruguayo de Música Popular), fundador de La Tribu Mandril, integraste grupos como Delanuka y Repique, trabajaste con referentes como Laura Canoura, Osvaldo Fatorusso y Ruben Rada, actualmente estás junto a Ariel Ameijenda con la reedición de “Ofrenda”. ¿Cómo te ves en ese proceso de desarrollo artístico que empezaba allá por 1997?

Desde el ´97 al 2002, que yo me fui, fue mucha cosa, mucho proceso creativo. Los Mandriles, los talleres con la Intendencia, con Ariel (Ofrenda)... Eso fue bárbaro, pero no quiero entrar en la uruguayez esa de hablar del ´50 y del ´30. Acá hay mucha cosa para hacer, o sea, se puede salir campeón de nuevo sin duda.

¿Sentías que era el momento para Nicolás Arnicho solista?

Mucho más que un disco solista vengo sintiendo ya hace un par de años y cada vez lo siento más, la necesidad de empezar a hacer las cosas mías, como en otro momento las hice; o sea, mis propios proyectos con nombre y apellido. Lo que yo quiero hacer y tocar y cantar que hace años que no hago. Porque estoy trabajando para afuera y trabajando para otros, que está siempre buenísimo y lo disfruto y he aprendido de todo con cada uno de los que vengo trabajando en este tiempo. Pero yo extraño, cada vez más, mis propios proyectos, mis espacios. Esto es una casualidad, lo del disco se dio, pero capaz que es un reflejo de las cosas que tengo que hacer.

¿Por dónde buscarías?

Todas las cosas que yo tengo ganas. Hay un par de formatos de grupos que ya hace tiempo que tengo en la cabeza que quiero sacar a la calle. Un formato más chiquito, como un proyecto más solista que en vez de unplugged, sería como plugged. Es como un set súper electrónico que tiene que ver con la percusión y máquinas que uso y pedales e instrumentos. Eso es una cosa que la quiero hacer hace años. Hace como diez años que empecé a comprar máquinas y todavía no las puse a andar. Y después hay un formato que es como una continuación de lo que en su momento fue La Tribu Mandril, que es un formato más percutivo pero más musical que lo que fue La Mandril en su momento.

Después, el formato del tocador, yo quiero tocar música instrumental, a mí me gusta tocar. O sea, en la percusión y en la batería, formato de tríos, más instrumental… He tocado con músicos de lo que es el jazz sudamericano y yo me siento muy bien en esa área. Me gusta la labor del solista, el trabajo del improvisador lo adoro, admiro y me hace bien.

Me imagino que debe ser complicado poder tocar este disco en vivo. ¿Ya tenés pensado cómo?

Pero se puede tocar. Sólo que hay que tener una banda, un grupo montado como para salir a la calle. Hacer un concierto porque sí, me parece que es todavía como pronto. Sí montar un proyecto donde se pueda incluir Batuques y Batidas. Sí, eso capaz que sí es lo que se viene.

¿Y los planes inmediatos?

Lo que tengo que hacer ya es un dvd. Terminé el disco, terminé Ofrenda y ahora tengo que hacer un dvd, que el FONAM (Fondo Nacional de Música) me dio un dinero para hacer un dvd didáctico de percusión. Pero bastante ambicioso, quiero hacer algo entretenido; más allá de una clase, algo entretenido. Y eso lo tengo que hacer antes de irme. En julio me iría a Portugal, voy a tocar y a dar clases. Lo que quiero ahora es terminar el dvd, ir a Europa para juntar un poco de dinero para después venir y capaz empezar a hacer las cosas que quiero, que me estoy debiendo a mí y a la gente.


+ www.nicoarnicho.com

Natalia Castelgrande 

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