SieteNotas

Ariel Ameijenda, A la usanza antigua

16/05/2000

A la usanza antigua

Wagner, violín, guitarra, piano, luthier, Beatles, Zeppelin, sitar, musicología, música hindú... Cada una marca un momento, a veces tiempo de la vida de Ariel Ameijenda.

¿Qué fue lo que te enganchó de la música Hindú?

Los sonidos. Creo que fue lo primero que me enganchó y seguramente sea lo primero que enganche a cualquier occidental. Porque es la diferencia más marcada con occidente: el abordaje que hacen del sonido. O sea, occidente nunca abordó el sonido. Cualquier "música" o cualquier hecho musical o cualquier composición siempre tiene tres aspectos: el tonal, en cuanto a lo que es el trabajo de la escala y la melodía; el rítmico, siempre presente; y el timbre, o sea, no es lo mismo Penny Lane, o lo que sea, tocado en clave, tocado en guitarra o tocado en cornio. Cada timbre es un mundo ¿no?, y eso los hindúes lo han trabajado desde un comienzo, porque filosóficamente creen desde hace muchos miles de años que el mundo parte a partir, valga la redundancia, o nace del sonido. Toda la materia se origina a través del sonido. Cada instrumento es sagrado desde ese punto de vista. Entonces han explorado mucho más que occidente la tímbrica de los instrumentos, sea de percusión, caso el tabla, que es un instrumento que a cualquier percusionista fascina o le arranca la cabeza. Toda la concepción rítmica que hay en India y tímbrica también o cualquier instrumento de cuerda o de viento de la India siempre fascinan por el sonido.

Así que el sonido fue lo primero...

Sí, y segundo la idea compositiva y el trabajo que hacían de la melodía. Es algo que pega muy fuerte. De hecho, pienso que con la música Hindú pase como con la India tal vez, digo, o te atrapa o te rechaza. Estando en India he visto gente que al otro día se quiere ir y no sabe bien por qué...

Y vos encantado.

Sí, y yo me quería quedar más de repente. Como que pasa eso, como que es tan fuerte el peso que tiene esa cultura en cuanto a conocimiento, a vida, digamos, que si no lo codificás, no sabés por dónde entrarle o no tenés un canal de entrada, se produce un cortocircuito. Y bueno, a partir de ahí fue creciendo el amor y el gusto por ese sistema musical. Viajé a India ya en tres oportunidades a estudiar y me quedé lo más que pude, o sea, cada una de las veces en cuanto al tiempo de VISA establecido, que son cuatro meses.

Si no te quedarías el resto de tu vida...

No sé (risas). No sé, creo...

¿Te sentís desfasado en la cultura occidental?

Sí, es muy fuerte. Me ha servido... o sea, al estar allá te cambian todas las coordenadas, siempre, de todo, porque te sentís como flotando en medio del océano en cuanto, de repente, identidad cultural ¿no? Pero como justamente lo que he ido a estudiar fue la cultura, también es como entrar a una biblioteca enorme en donde no sabés por dónde empezar y te apabulla un poco. Entonces también me di cuenta de lo lejos que estamos y de los prejuicios que tiene occidente hacia lo oriental. Ellos son mucho más de la mitad de la población: India tiene ochocientos millones de habitantes, son culturas que tienen mucho peso y mucha identidad y mucha tradición y mucho conocimiento por eso mismo, y tal vez occidente siempre le haya tenido rechazo y miedo a algo tan grande y tan desconocido... Y como que es fascinante; una vez que tenés oportunidad de entrarle...

Se crece mucho...

Sí, sin duda. Incluso también de rebote crecés mucho más en amplitud de mente, más allá de que te guste o no te guste. O sea, te hace mucho más humilde y abierto a todas las culturas a las que occidente siempre les ha practicado la inquisición, digo, dentro y fuera de la Iglesia ¿no? Como que hay mucho prejuicio ¿verdad? Ahora hay términos antropológicos, pero siempre se ha hablado de culturas primitivas... no sé, hay una enormidad de sinónimos que ya de antemano le están poniendo un rechazo por la propia ignorancia que tenemos.

¿Cuánto de espiritualidad hay en la música?

Y básicamente todo. Como que la India no separa la espiritualidad de la vida. Cada forma de arte, por decirte de alguna manera, incluso de artesanía, es un camino espiritual. Entonces se estudian paralelamente. Si bien hay Universidades en India, la verdadera cultura se sigue manteniendo en la tradición de maestro a discípulo. Porque el maestro no sólo te enseña la técnica, el maestro de música también es un maestro de vida. Te enseña no sólo la música sino la actitud ante la música, que en definitiva creo que es lo más importante siempre. Porque aún en occidente vos podés estudiar con los mejores maestros pero lo que vas a expresar y poner en tu música es tu propia forma de vida, es tu propia actitud, si no sos una máquina, un intérprete incluso y no músico.

Y acá en Uruguay ¿qué hacés?.

Tengo alumnos. Pero más allá de eso lo que yo cultivo no es como músico. La India me ha aportado muchísimo y me seguirá aportando por siempre, pero yo también tengo mi camino musical. Más allá de todo mi aprendizaje de este sistema de música, he tenido muchas oportunidades de proyectar mi propia creación musical. Bueno, el trabajo (Ofrenda) que hicimos con Nicolás (Arnicho) es una búsqueda musical, por supuesto teñida con muchos instrumentos orientales y dentro de cierto lenguaje que se aproxima a lo que he aprendido en oriente. Pero también hasta en instrumentos que yo mismo he diseñado, inventado, ya que para mí la música no sólo es la composición musical sino mi trabajo acá en el taller, con los instrumentos. De lo que vivo es de la construcción de guitarras y de la reparación de instrumentos, que también tuve la suerte de aprenderlo a la usanza antigua: de maestro a discípulo. En este arte de la luthería, mi padre, en este caso, es mi "gurú".


*Apuntes de luthier

Desde el ángulo de un luthier, o sea, qué es un luthier y cómo se ha perdido un poco el oficio y se ha perdido tal vez en el inconsciente colectivo de la gente, la diferencia que hay entre una guitarra construida por un luthier y las guitarras construidas en serie, en fábrica, que son las que suelen vender las casas de música, se aproxima, o es casi lo mismo, a la diferencia que hay entre una joyería y una bijoutería que venda un quiosquito en la terminal Tres Cruces o en una galería o en la calle. O sea, dos joyas pueden aparentar lo mismo porque son doradas o tienen una piedrita de color, pero una es de oro con un rubí, la otra dorada, de lata con vidrio y a nadie le extraña que la diferencia de precios sea grande, porque la gente sabe valorar lo que está hecho a mano y con un material noble, a lo que está hecho con una matriz en una fábrica. Con los instrumentos pasa exactamente lo mismo. Lo único que a veces la gente no está capacitada o no está acostumbrada a notar las diferencias que de hecho, paradójicamente, no se dan en el precio tan dispar como se suele dar en una joya, a veces la diferencia es obvia en los productos, de repente una joya no suena pero a nivel de sonido es muy obvia la diferencia del producto final.

"Dunas"

Es un tema mío y es el único surco que uso en el disco con un instrumento que se llama sitarel, que yo mismo inventé y construí. Un instrumento de cuerda frotada que es un híbrido entre el sitar hindú y el celo occidental. Se toca con arco. La longitud de las cuerdas es aproximadamente similar a la del celo y a la del sitar. Pero toda la digitación de la mano izquierda es la que se usa en el sitar de la India y la articulación con el arco de la mano derecha es similar a la de la viola de Agamba, de hecho más que la del celo de cuerda frotada, lo que da un sonido muy particular ya que no se corresponde con ningún instrumento usual.

En el mismo, Nicolás toca pandeiro pero con una técnica especial, que creo que el primero en utilizarla fue Marcos Susanno, percusionista muy conocido, toca con Gilberto Gil. Se usa el parche muy flojo y se lo presiona con el pulgar de la mano izquierda que es la que sujeta el pandeiro, entonces eso le permite usar distintas afinaciones en la nota grave, según como se lo presione. En realidad para el que lo escucha lo que menos parece es un pandeiro. Por la manera de amplificarlo parece más una batería, se usa un micrófono solapero de condensador que le da un sonido muy rico.

Carlos Bassi

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