SieteNotas

Fernando Peláez, se va la segunda

06/02/2005

Dos libros, más de mil páginas, más de mil fotos, centenares de discos y de bandas.

Quince años de historia, quince años de música, quince años de uno de los fenómenos contemporáneos más importantes.

Fernando Peláez Bruno presenta el segundo tomo de “De las Cuevas al Solís” y completa así la primera enciclopedia del rock nacional, un aporte cultural invalorable.

Del período que abarca la cronología (1960 – 1975) este segundo tomo comprende la etapa que vos más viviste, ¿verdad?

Claro.

¿Y qué diferencias hay con respecto al primero, además de esa cuestión cronológica?

Por un lado cambia la música porque lo que era la etapa del beat, de los grupos que querían imitar a la primera etapa de Los Beatles empieza a cambiar. Incluso el término “beat” cae en desuso y se empieza a hablar de música progresiva, de música underground, de música subterránea o simplemente de rock. Como que el rock quiere embanderarse con una perspectiva más contracultural. Musicalmente hay propuestas como la de Jimy Hemdrix, como la última etapa de Los Beatles donde incorporan música hindú. Acá se vuelve un poco al principio porque para las bandas que querían seguir ese tipo de propuesta no había quién enseñara a tocar ese tipo de música. Se vuelve entonces un poco a lo que pasaba al comienzo que era poner los discos, tratar de sacar los temas de oído y empezar a practicar para poder reproducir eso lo mejor posible. Al mismo tiempo se llega a la convicción -que ya la había iniciado un poco El Kinto- de que había que hacer composiciones propias con letras en español que tuvieran más que ver con la realidad nuestra. Y al mismo tiempo aparece la idea de empezar a fusionar todo eso con el candombe.

Y en cuanto a personajes, a personalidades, ¿quiénes aparecen en este segundo tomo?

Bueno Dino aparece en los dos tomos: desde el principio del tomo I hasta el final del tomo II. Jaime Roos... Aparece una foto impresionante de Jaime Roos irreconocible, tocando con el grupo Los Rovers que hacían versiones de los Creedence en una cueva en el Club Capurro… Cuando yo estaba en España había podido localizar al flaco Barral que ahora nos podemos contactar muy fácil con él porque tiene una página web preciosa, pero en aquél momento hacía 3 años que nadie sabía nada de él. Bueno en este segundo tomo también aparece toda una camada de comunicadores de aquél momento que hicieron mucho por el movimiento del rock uruguayo de los ‘70 como Macunaíma, Lalo Menafra, Horacio Buscaglia… Los músicos de Días de Blues, los músicos de Psiglo, varios músicos de Tótem. Alfonso López Domínguez que fue manager de Tótem y de Psiglo... Fue muy importante la entrevista que le hice, sin embargo no pudo ver el material terminado, se murió antes… Bueno el flaco José Luis Pérez, Yamandú Pérez: otro percusionista muy bueno de toda la historia musical uruguaya. Músicos del grupo El Syndicato... Me voy a olvidar de un montón... Yo traté de ir a las distintas vertientes ¿no? Sabía que tenía que hablar con gente más de la corriente del candombe beat, con gente de la corriente más rockera...

¿Te quedaste con ganas de entrevistar a alguien?


Sí, a Ruben Rada.

¿Y por qué no lo entrevistaste?

Mirá, no sé, hubo unos desencuentros... Primero yo intenté solo, después quedé en llamar a la productora y él estaba de gira o algo así… Después cuando estuvo Ángel Atienza un poco se encargó él... Incluso le mostramos el tomo I antes de que saliera, le mostramos el capítulo que había escrito sobre Tótem para que viera lo que era... Aparte tenía ganas por un montón de cosas, aparte creo que la hubiera pasado bárbaro y me hubiera recontra divertido…

Te cuento algo para que no te sientas mal: a nosotros en cinco años nunca nos dio una entrevista... (Risas) y también lo perseguimos… (Risas) Además de Rada a quien más te hubiera gustado entrevistar?

Bueno a Carlos Martins por ejemplo, que está viviendo en España hace mucho tiempo y cuando supe su dirección de correo electrónico ya tenía el libro escrito...

Qué fuerte lo que contaste de López Domínguez: que falleció durante este proceso. ¿Ocurrió eso con otras personas?

Sí.

¿Con quién por ejemplo?

Con Elías Turubich, con Rubén Castillo... Con Ángel Armagno que lo deben conocer de Plop pero que tuvo mucho que ver en el movimiento de música beat de los ‘60 y en el rock uruguayo de los ‘70...

¿Y ellos se llegaron a enterar de que vos estabas con esta iniciativa o no?

Sí, por ejemplo a López Domínguez como te dije lo entrevisté, pero lo que él no llegó a saber es que salía, siquiera tuve tiempo de mostrarle algunos capítulos para que viera... Y Ángel Armagno tampoco se enteró que salía el libro…

¿Cambiarías algo si pudieras?

No, creo que no.

¿Y de todo el proceso? Seguramente en otro país todo hubiera sido más sencillo...

Sí, es probable que en un país del primer mundo habría habido otras posibilidades porque tienen otro mercado. Pero realmente con la calidad que salió, con la onda que le dio Perro Andaluz estoy totalmente satisfecho. Mejor imposible… Podría haber salido un año antes, pero bueno...

¿Y a qué se debió el retraso?

En principio cuando yo ya tenía los 30 capítulos, una primera versión terminada, no encontré apoyo de algunas editoriales que recorrí y de algunas fundaciones. Hasta que apareció Ángel Atienza con Perro Andaluz...

¿Cómo fue el encuentro? ¿Tú lo contactaste a él?

No, el me vino a buscar. Yo estaba a punto de buscarlo, lo quería conocer porque yo sabía que el sabía mucho. En particular sabía que había reeditado cosas de Los Mockers y yo quería profundizar sobre ellos, y un día me llamó por teléfono. Él ya se había enterado de que yo tenía prácticamente un libro escrito y vino un domingo a casa. Él andaba también con esa misma idea, de hacer algo así y cuando se lo mostré se empezó a mover para conseguir alguna editorial, hasta que al final tuvo que abrir una editorial él (Risas).

Yendo a la parte estética, me decías la otra vez que a raíz del primer tomo ya te estaban acercando fotos nuevas, le gente de la revista Hit por ejemplo...

Claro: después de que salió el tomo I apareció un montón de gente que se puso en contacto conmigo y con Ángel y aparecieron un montón de fotos más que corresponderían en realidad al tomo I. Algunas las pusimos en el capítulo introductorio al tomo II. Aparecieron también un montón de fotos que tenían que ver con los ‘70 que también las incluí en el tomo II, entonces quedó más grande: tiene como 100 páginas más y creo que 600 fotos.

Y además tiene un CD. Contame de eso: vos ya tenías la idea incluir un disco, ¿verdad?

Sí, con Ángel teníamos la idea de incluir un disco ya en el primer tomo, pero al final no dio el tiempo. La idea no era incluir cosas que ya estuvieran editadas en formato compacto, porque por ejemplo de Tótem o de Psiglo se ha reeditado prácticamente todo. La idea era poner algunas rarezas y algunas cosas que tuvieran un valor testimonial. Por ejemplo hay un track o dos tracks que son una actuación de Tótem en vivo en el Teatro El Galpón el 14 de julio cuando presentaban oficialmente el primer long play. Y es muy testimonial porque por ejemplo se comenta mucho que Tótem empezaba todas sus presentaciones con un solo de batería y después el grupo hacía una especie de calentamiento. Bueno ahí se escucha y se comprueba que efectivamente era así.

¿Y la selección la hiciste vos solo?

Junto con Ángel Atienza. Teníamos un montón de cosas para elegir... Fue medio bravo... Creo que el disco ocupa 79 minutos con no sé cuanto...

Sí, no le sobró nada. ¿Qué criterio primó a la hora de elegir?

Tres criterios: algunas cosas con valor testimonial, algunos temas inéditos, y algunos temas que se habían llegado a editar fundamentalmente en simples y que no salieron nunca más y que era poco probable que se reeditaran.

¿Qué te quedó afuera que te hubiera encantado incluir?

Bueno, a mí me hubiera encantado incluir, pero era un problema técnico no se pudo, algunas grabaciones… Yo en el año 72 llegué a grabar conciertos enteros de Psiglo y de Días de Blues...

Mirá… ¿Y en qué formato grababas?

En un grabador desde la platea. Después por distintos motivos se me borró casi todo y quedaron algunas cosas. De esas cosas yo había hecho copia de copia en cassette, entonces estaban muy mal realmente, pero me dio lástima.

¿Qué fue lo más raro que te pasó en el lanzamiento no de este tomo sino de toda la enciclopedia, lo que no te esperabas que iba a pasar y sucedió?

Capaz que lo que nunca me esperaba era haber ganado el premio Revelación en los Bartolomé Hidalgo…

Así que te tomó totalmente de sorpresa...

Nos teníamos fe con el tomo I, yo me imaginaba que mucha gente se iba a acercar, yo me tenía fe para eso; pero este tipo de cosas... Y de repente tampoco me esperaba que un montón de gente joven que se interesara en los libros, los leyera y después se pusiera en contacto. Y bueno el apoyo de muchos medios de comunicación por ejemplo el de ustedes…

¿De acá en más qué camino sigue todo esto?


Y no sé... Me quedé con ganas de escribir...

¿Si?

Sí, después de que me dio tanto trabajo empezar, después de tantos ríos de tinta... Capaz que hago algo de eso...

¿Siguiendo la cronología?

No, no sé... Otro tipo de cosas...

¿Qué cosas?

Cuentos...

Mirá... Así que no vinculado con la música…

No, en principio no...

Y no hay ningún personaje que sea músico, cantante; no hay ninguna ambientación en algún concierto...

Una de las ideas que tenía era con uno de los personajes del libro, pero no estrictamente metido en el ámbito de la música sino esa persona viviendo en cierta época y viendo cosas... Elegí un personaje que aparece en el libro que se llama el gordo William que en realidad es un personaje inventado...

Cierto… El gordo William… (Risas)…

O sea yo conocí a alguna gente muy parecida a él y lo que hace el gordo William en el libro es decir un montón de cosas que ocurrieron realmente, que las dice él porque alguna gente que me contó no quería figurar contándolas…

Ya nos enteraremos… La última: ¿cuántas estrellas le darías a los libros?

¿De 1 a 5?

De 1 a 5.

Cinco (Risas). Sí, soy un fanático del libro. La verdad es que como decía en la introducción del tomo I: “Es el libro que yo quería leer”. Dos por tres lo leo o leo alguna parte y me siento conforme. No es porque lo haya escrito yo, si lo hubiera escrito otro me quedaría contentísimo igual.

Analía Camargo

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Leo Maslíah, 16/04/2000
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