SieteNotas

Horacio Ferrer, El Duende del Tango visitó Montevideo, su ciudad natal

03/03/2007

Horacio Ferrer, el poeta de la vanguardia tanguera, “El Duende” como lo llamaba el gran Astor Piazzolla, volvió a la capital uruguaya a reencontrarse con los amigos en los rincones, viejos y nuevos, que lo acogieron tantas veces desde que nació, el 2 de junio de 1933, y a ultimar los detalles de su operita “Dandy, el príncipe de las murgas”, compuesta junto al músico uruguayo Alberto Magnone y que estrenarán en diciembre en el Teatro Solís.

Con su particular sensibilidad, suavidad y fineza para expresarse, Ferrer nos habló de su actual actividad artística, sus viajes y proyectos. Pero también del amor, la soledad y la maravilla de estar vivos.

Horacio, vuelve a Montevideo, una vez más, su querida ciudad natal.

Sí, en los últimos años he venido con cierta frecuencia. He tenido muchas actuaciones en todo el mundo: en Bélgica, España, EEUU, Francia, Noruega, Rusia y mi deseo es siempre volver a Montevideo. Disfruto tanto con mis amigos, mis amigas, la ciudad; está tan bonita Montevideo, siempre, con su río como mar.

Si bien usted ya es un ciudadano del mundo, también es un típico rioplatense, más aún, un argentino, porque ha vivido más en Buenos Aires que en Montevideo... ¿Cómo se ve a la distancia Uruguay por estos tiempos?

Yo nunca abrí juicio excepto en la época de la dictadura, que fue tan doloroso todo acá y allá. Pero en épocas de normalidad constitucional y de gobiernos democráticos, yo no abro juicio. Son épocas, son personajes, son gobernantes, ilusiones o decepciones que están dentro del programa de la historia. Soy ciudadano argentino también, pero como oriental y con el corazón bien puesto, lo mínimo que puedo hacer es agradecer todo lo que me ha dado la Argentina, que es otro vagón de cariño.

Conoció a Astor Piazzolla en 1948. Pero es a lo largo de 1969 cuando surge la serie de tangos llamados baladas, de los cuales "Balada para un loco” constituyó un éxito resonante, el primero auténticamente masivo que disfrutó Astor. En ambos márgenes del Plata se vivían momentos de tensión, de crisis social, ¿qué significaba componer desde el amor y la magia en medio de ese contexto?

Uno tiene que a veces ir al compás de la realidad pero también evadirse de la realidad para no hacer obras que queden sumergidas en los tiempos. Yo no podría haber escrito “Canción de las Venusinas” como una cosa escapista. Una vez volví caminando a mi casa desde el Viejo Almacén, desde San Telmo hasta Palermo y vi las estrellas y se me ocurrió esa historia de esas mujeres tan fantásticas...

Hondas, calladas, tristes y raras...

Exactamente, gracias por saberlo... Nunca es grato escribir cuando las libertades están cercenadas y hay arbitrariedad. Lo que ocurre es que uno debe pensar que las obras pasarán a la época siguiente donde lo libre impera y donde la convivencia es normal.

Y más allá del lirismo, del romanticismo, la poesía y el surrealismo, hay motivaciones desde la propia realidad... ¿se encuentran hoy en día, aún, esos seres misteriosos y hermosos en las calles de nuestras ciudades?

Claro, ¡por supuesto! Lo que ocurre es que Picasso no pintó eternamente Guernica. No pintó perpetuamente las guerras. Pintó retratos de sus mujeres, con inventos, maravillas que son permanentes. Cuando llega el momento del restablecimiento de la paz y de la vida humana éstas obras siguen valiendo. Las que pintaba en el trasfondo trágico y las otras. Con todo el bagaje de alegrones a que el hombre y la mujer se acreditan por el hecho de estar vivos.

¿El amor va de la mano del dolor? ¿Es necesario sufrir para comprender en profundidad cuanto vale el amor en nuestras vidas?

Sí, claro. Es natural. La desilusión amorosa es parte de la ilusión amorosa. Primero es la ilusión y después viene el contraste. Una mujer no puede amar a todos los hombres. Ese dolor está en los goces del amor, sensuales y espirituales. ¡Qué fuerza más grande puede haber que la de dos amantes que viven en la antípoda! Es mucho más fuerte que cadenas, aviones, el amor los tiende a unir, quieren estar juntos. El espíritu se expresa a través de la materia. El amor es doloroso ante la ausencia, la nostalgia, lo interrumpido, por diversos motivos, hasta por la muerte.

Un amor que adquiere muchas formas: el amor de un padre o una madre a un hijo, el amor entre el hombre y la mujer...

Para mí el amor con mayúscula es el del hombre y mujer. Está en la naturaleza, la supervivencia de la especie.

Y usted sabe de lo que habla porque lo ha vivido y lo vive en carne propia

Uno sufre y hace sufrir, involuntariamente. Hay gente perversa y anormal que hace sufrir por placer. Pero yo creo que el amor es la conquista de un estado superior, excelso, lo sublime, lo que está por encima de las palabras. Y poderlo vivir durante muchos años como me ha tocado, es maravilloso. Yo he conocido muchas parejas que se han amado de principio a fin desde la adolescencia hasta la ancianidad y durante cada época de sus vidas pudieron disfrutarse, cambiando -porque la vida es cambio permanente-, acostumbrándose a las limitaciones o a las prerrogativas que cada edad presenta.

Horacio, ¿usted cree en dios?

Sí, pero tengo una idea un poco particular de Dios. Pienso muchísimo, sobre todo los últimos años. Desde que quiero hacer una obra junto a Alberto Magnone, que se va a fundar en el Cuadro del Jardín de las Delicias del pintor holandés El Bosco, pienso mucho. Quiero llegar a Dios pero al que evade cualquier palabra humana. No se trata de decir que Dios existe o no, está vivo o no, esas son cosas humanas. Lo divino es otra cosa. Yo quiero, dentro de lo mediocre de mi pensamiento, poder ir dándome una idea de cómo llegar a Dios, que no está ni en los cielos ni en la tierra sino que lo abarca todo. Pero también es todas las formas en que cada ser humano percibe a Dios.

Muchos cantantes que han interpretado su obra coinciden en que sus canciones son una manera de acercarse a Dios, por lo sublime de su poesía. ¿Siente que tiene un don, un privilegio del poder dar y comunicar como lo hace?

Sí, sin duda. Los dones es algo que uno debe agradecer siempre. Pero no debe ufanarse de los dones sino cultivarse. Tener una bella voz uno lo recibe genéticamente, ahora, cultivar y trabajarla y hacerla más llegadora y al servicio de lo que uno quiere expresar, eso es un trabajo de uno. Y así debe ser. El estudio y todo lo que acompaña a los dones que hemos recibido.

¿Cuantos años tiene?

73 años. Nací en 1933. Cada edad de la vida tiene sus atractivos y sus límites y eso es maravillosamente humano.

Aún a avanzada edad, tiene mucha energía y viaja por todo el mundo y tiene mucha actividad... ¿cómo se siente?

Me siento muy bien afortunadamente. Uno debe aceptar las pequeñeces que tiene cada edad, desde el bebé que no puede expresarse para ser entendido por sus padres, hasta el viejito anciano que necesita de un bastón, custodia y ayuda. Pero en las edades intermedias la vida ha cambiado por completo. Antes, una mujer de 50 años era una vieja inservible y un hombre a los 60 un jubilado en un rincón de la casa, y ahora no. Y yo tengo amigos hoy que han vivido muchos años y muy bien, como Tania, la mujer de Discépolo que vivió 104 años y estuvo en los escenarios conmigo. O Roberto Talice que fue tan brillante y Cadícamo que escribió tangos hasta casi los 100 años.

¿Le gustaría vivir 100 años?

Si estoy acompañado, sí. Si estoy solo ya no me interesa. Yo necesito del amor y de los amigos. La soledad es muy buena para escribir, para pensar, pero no para vivir profundamente la vida.

García Márquez escribió “Cien años de soledad”. Le pregunto al poeta, a Horacio Ferrer, antes de despedirlo: ¿Cien años de... representan su vida?

De creatividad, de inventos, de amor, de afectos, de reuniones, de escenas lindas, y de noches, muchas noches, la vida con las estrellas es otra cosa.


Escuchá POEMA EN SI MAYOR. Recita: Horacio Ferrer. Canta: Gustavo Nocetti. (Este tema aparece por cortesía de Sondor y está incluido en el disco de Gustavo Nocetti "Interpreta a Ferrer").

*Entre un extenso número de obras, presentaciones y premios en varios países, Ferrer colaboró con importantes artistas del género, como Roberto Grela, Leopoldo Federico, Raúl Garello y Horacio Salgan con quien en 1975 compuso el Oratorio Carlos Gardel. Al año siguiente escribió con figuras ya míticas del tango, como Julio De Caro, ("Loquita mía"), Armando Pontier ("El hombre que fue ciudad"), Osvaldo Pugliese ("Yo payador me confieso") y Aníbal Troilo ("Tu penúltimo tango"). Ferrer es autor, entre otras obras, de "El Libro del Tango, Arte Popular de Buenos Aires", cuya primera edición data de 1970. Sobre todo en su edición de 1980 en tres tomos, con más de dos mil páginas, es la referencia obligada de cualquier estudioso.

(Fuente de consulta: escritos sobre el tango de Julio Nudler)

Ana Karina Rossi

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