SieteNotas

Hugo Fattoruso, más cerca de la feria que del aeropuerto

14/05/2005

Según mi padre, hacerle una nota a Hugo Fattoruso es como entrevistar a Mc Cartney, a Lennon o a los Rolling Stones. “¡Aaah, igualito!”, me dice Hugo después de que le hago este comentario y enseguida larga una carcajada para rematar con un cariñoso: “¡Qué grande tu viejo!”.

Nueve y media de la mañana nos quedamos en encontrar, y nueve y media llegaba, enérgico como siempre, a la cita: “Llego bien, ¿no?”. Me pregunta qué voy a tomar y le contesto que lo mismo que él. No me escucha y pide una grapa con limón… Menos mal que no me escuchó…

Antes de la entrevista, Fattoruso ya andaba dando vueltas por las calles de Montevideo: “Yo le llamo mandaditos, la ayudo a mi madre con algo... pero siempre tengo alguna cosa que hacer. Y cuando no tengo, estoy encerrado con los grabadores y con los ecualizadores y con las partituras... O sea que ocupado siempre estoy. Ocio ni en pedo”. Quizás ese estar constantemente ocupado sea el motivo por el cual se sorprenda (y a veces se sonroje), con comentarios como el que le hice de Mc Cartney, Lennon y los Rolling Stones.

Yo no sé qué considera la gente...

¿Y vos qué considerás?

Yo soy un laburante, un estudioso, no sé... eso lo determina o lo dicen las personas. Así como unos dicen que me enojo si me preguntan de Los Shakers, el otro dice: vos tenés peso. Y yo no me doy cuenta de lo que están diciendo, así que no lo puedo ni siquiera considerar. Yo no tengo tiempo, estoy siempre atrasado: tengo mil temas para terminar, mil temas para escribir... Estoy tan ocupado que no tengo nada registrado, porque aparte soy un pelotudo en ese sentido, porque eso es la parte administrativa y a mí no me interesa… Capaz que ya está dicho, capaz que si sigo hablando es al pedo, pero en definitiva, yo doy puntadas sin hilo.

No sé cómo será la cosa en otros aspectos, pero en la música pareciera que no…

Soy muy desorganizado, entonces tengo una cantidad de cosas... Yo no cobro un peso por derecho de autor: ni un puto peso. Con Los Shakers nos recontra cagaron porque nos hicieron firmar los derechos de por vida, y es un contrato que no tiene marcha atrás aparentemente. Lo indagué una sola vez y cuando los abogados me dijeron: “¿Pero ustedes firmaron esto? Ustedes están en pedo”, dije: “bueno, chau”; no pregunté más. Con Opa nos recagaron también porque tampoco cobramos un puto peso. Porque en alguna cuenta van a desembocar esos dinerillos, ya sea un dólar o quinientos, lo que sea: en mi cuenta no cae y en la de mi hermano (Osvaldo Fattoruso) tampoco. En la de Pelín (Roberto Capobianco) tampoco, ni en la de Caio (Carlos Vila). Y en el caso de Opa, en la de Ringo (Thielmann) tampoco. Así que en algún lado va a parar esa plata. Toda esta parte yo la tengo completamente llena de caries y de agujeros.

Pero no sólo la parte económica está cariada con respecto a Los Shakers, de algún modo la alineación creativa dejó un mal sabor: “Lo que me da un mal sabor en la boca o en la memoria, es que imitábamos a una cosa extranjera, sajona. No era nada local, no era nada rioplatense y estábamos imitando la ropa, el pelito, no sé qué... Eso es lo que me queda mal a mí, cantando en un idioma que no era el nuestro. Porque el esfuerzo que hicimos y lo que pasó, pasó, a mí me importa tres pepinos; uno encara un montón de proyectos a los que de repente les va bien o les va mal. Afuera de eso, ya te lo dije: el sabor que me quedó es que estuvimos cuatro años imitando una cosa que la inventó otro”.

Bueno, pero la “Conferencia Secreta del Toto’s Bar” no era tan imitación…

Bueno, capaz que abrió un poco el panorama, pero seguía siendo beatleano. Pero es eso, lo de Los Shakers es eso. Fijate que yo miro hacia atrás y me digo: “¿Y yo qué hacía cantando eso?”. El asunto es que se le ocurrió a otro, si se nos hubiese ocurrido a nosotros, a lo mejor en mi memoria tendría un lugar con más cariño, pero eso es un invento de otro lado. No indagamos, no expandimos, en el sentido de decir: “bueno, hay una cantidad de gente que nos da un poco de atención, podríamos exponer otras inquietudes”. Nos quedamos cantando en inglés, no se nos ocurrió decir: “che, ¿qué podríamos hacer para distinguirlo un poco más? No hicimos nada.

Con Opa, la cosa empezó a tomar color, o por lo menos el color que Hugo comenzaba a buscar. Hace poco Hugo, Osvaldo y Ringo se juntaron para tocar, después de ocho años, y por primera vez realizar un concierto en el Teatro Solís. Casi toda la comunidad artística uruguaya también se juntó para verlos y deleitarse con estos monstruos sagrados.

“Es un grupo que es querido por un sector del público uruguayo y hasta argentino, diría. En mis viajes siempre aparece alguien con un vinilo a que se lo firme. Siempre. No importa en dónde carajo esté, siempre aparece el tipo diciendo: “hola, por favor me firma acá”. Y yo digo: “paa’ que lo parió”, porque yo no soy Michael Jackson. Siempre aparece un disco para firmar. ¡Vinilos! Imaginate”.

Todos los que fueron, crítica del periodismo especializado incluido, coincidieron que el show fue brillante. Pero esto no es en lo único que coincide la gente especializada en música: todas las cronologías y estudios serios realizados tanto acá como en Argentina, coinciden que los Fattoruso son la base y parte esencial del rock en el Río de la Plata.

“Es increíble porque nunca tocamos rock. ¿Sabés cuando tocábamos rock? Con el Trío Fattoruso. ¿Por qué? Porque tocábamos un tema de Bill Halley y uno de Elvis Presley; que tampoco era rock porque yo tocaba el acordeón, mi padre el cajón y mi hermano la batería. Yo rock, nada. Nunca tuve cabeza de rock, es una manera de expresión musical que nunca hizo parte de mi alma”.

¿Y con los Shakers?

Con los Shakers tocábamos un estilo de Los Beatles, no sé ni qué carajo salía, si era parecido o era así o asá, no sé. Pero era Beatles, y los Beatles van más allá del rock”.

Bueno, pero por ejemplo para mí vos y tu hermano están a la misma altura de El Kinto y Tótem, por lo tanto jugás un rol importante en toda ésta historia.

Para mí no, porque soy un admirador de El Kinto y Tótem.

...

En realidad yo no considero nada, yo hice lo que pude y sigo haciendo lo que puedo: la gente es la que decide.

Siempre hizo lo que pudo y no siempre en la música: “Trabajé como mecánico, que me apasiona la mecánica de motos y de autos. Trabajé como fotógrafo, que en realidad indagué más que nada: estuve diez años cerca de lo qué es la fotografía, tenía mis cámaras, mis lentes y toda esas cosas. Trabajé como limpiador, como repartidor en una motocicleta... Y trabajé como músico en una serie de cosas que se podría decir que ya entré por dónde entra el rey y ya entré por donde sale la basura. Ya conozco todo: trabajé en los puteros, en los quilombos, en el palacio... toda la gama que te puedas imaginar”.

¿Alguna vez trabajaste en un crucero cómo Ringo Thielmann?

Hice una suplencia de diez días, para ver cómo era la cosa, porque esos trabajos hay que tener una condición de vida muy especial, porque esos contratos son de cuatro meses y la música que tenés que tocar es brava. Yo prefiero ir a las ferias con mi acordeón o a 18 de Julio o a la Plaza Independencia o a dónde sea, que hacer los trabajos de los cruceros. Esto lo digo hoy en día, de repente dentro de diez años capaz que te digo no, me voy a trabajar a un crucero. Pero la verdad es que a esta altura no creo que le dé marcha atrás. Yo ya lo hice, no el trabajo del crucero pero el laburar teniendo que tocar una cosa dirigida... No me dan las pelotas. Prefiero ir a la feria a tirar la manga que hacer eso. Estoy cada vez más cerca de la feria que del aeropuerto. A menos que me salgan buenos trabajos y que la propuesta musical sea una cosa impresionante, que yo vaya a tocar algo realmente interesante, en estos momentos estoy más cerca de la feria y andá a cagar. Porque tengo las bolas por el suelo, no de tocar: sino de congeniar con las situaciones. Es una especie de prostitución... En los cruceros vos te podés meter novecientos dólares por semana y si querés no gastás un mango. En términos económicos es un punto muy ventajoso, pero en término de balero yo no lo aguanto.

A pesar de todo esto que decís, ¿qué es lo que te lleva a seguir con la música?

No, yo no sigo, estoy empezando. Porque en mi ansia burda y absurda yo estoy empezando. Yo quiero mejorar lo que hago.

¿Y podés mejorarlo?

Siempre se puede mejorar. No sé si yo puedo, no sé hasta dónde dan mis alcances. Si fuera por mi voluntad yo vivo trescientos años, pero no para ir a ver a Peñarol, sino para hacer mejor lo que hago, que en realidad ahora se concentró en la música.

Lo que está haciendo ahora es tratar de difundir Ciencia Fictiona, su último CD grabado en apenas dos días. “Bueno, en dos días se grabó, pero yo hace cuarenta que toco el piano y en dos días lo grabé porque también lo preparé. Lo preparé, digamos, en dos meses el trabajo, que no es mucho pero tampoco es tan poquito; por eso lo conseguí grabar en dos días. Después lo mezclé en dos días más de trabajo... No hay mucho que mezclar porque es piano sólo, pero son tomas directas: había un error aquí, un error allá, pinchar...”.

Era más que nada lustrarlo.

Sí, arreglar las imperfecciones y conservar las tomas... En realidad casi todo a lo que yo le di el OK eran primeras tomas: las primeras tomas están bien, para hacer otra toma tenés que estar distraído para tocarlo bien, no podés hacer una fotocopia de lo que recién hiciste.

¿Cómo hiciste para elegir el repertorio que incluiste en el CD?

Tocando y escuchando. Lo grababa en mi casa, o en la casa de mi madre porque está el piano acústico ahí. Lo grababa y escuchaba... Canciones infinitas, yo puedo grabar un disco que tenga nueve mil canciones. O sea, te digo esto porque hay nueve mil canciones que me gustan: por poner un número; pueden ser mil o noventa mil. Es tan vasto aquello, vasto con v corta, que yo para el disco tuve que decir basta con b larga: “esto es el repertorio y esto va para el disco”, si no la cabeza se marea. Esto de las canciones es infinito.

No sólo este flamante último trabajo le ocupa el tiempo en este momento a Hugo. Cuando se le pregunta qué tiene pensado hacer para el futuro, de inmediato la respuesta es un contundente “¡Fáaaa!”. Y te cuenta: “El lanzamiento del segundo disco del Trío (grabado para el sello Big World Music de Neil Weiss), el del Rey Tambor (Diego Paredes en tambor piano, Nicolás Peluffo en repique y Fernandito Núñez en chico) y esperar poder mostrar lo que uno hace, que para empezar es mi sustento y para seguir es mi orgullo. Yo, por ejemplo, corrí durante un tiempo en moto, era mi pasión –sigue siendo, lo que pasa es que abandoné hace mucho tiempo- corría en la categoría menores: 50 cc., entonces llevar tu motito -que era con la ayuda de dos capos que eran los que preparaban la moto- a la línea de largada era como decir: aquí estoy y acá traigo todo y vamos a ver qué pasa. Lo mismo es con la música. Si formo parte de el Trío Fattoruso y Rey Tambor, cada presentación es poner el grupo en la línea de largada y vamos a ver en donde se sacan las chispas.

Apago el grabador y termino mi entrevista en el punto de largada de Hugo Fattoruso. No sólo tiene un pasado brillante, sino que recién empieza y le queda mucho para dar. Antes de irme, me da un abrazo, se despide y me dice: “Bueno bo’, gracias por todo, y saludos a tu viejo”. A esta altura vale aclarar que mi viejo y Hugo Fattoruso no se conocen personalmente. ¡Qué grande el Fatto!

Nicolás Hidalgo

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