SieteNotas

Gastón Ciarlo, Milonga realista

16/09/2000

Hablar con Gastón Ciarlo "Dino" es hablar con un pedazo de historia y presente de nuestra música. Ha compuesto canciones que ya no le pertenecen, son de todos, a todos nos identifican. Es un tipo que cuando canta dice y cuando habla no se guarda nada. Estuvo unos pocos días por Montevideo y lo ‘pescamos’ la tarde del 25 de agosto en la casa de su amigo Hugo Trova. Se despertó de la siesta, tomó unos mates, y salió esta charla.

¿Qué estás haciendo musicalmente en estos momentos?

En estos momentos estamos retomando un poco el camino de lo que habíamos hecho durante mucho tiempo, yo nunca le di pelota a las relaciones públicas, siempre creí que si yo hacía algo y estaba bien hecho lo iban a pasar y si no lo pasaban no era problema mío. Eso representaba un poco de soberbia de mi parte porque me olvidaba de la otra parte, de la radio en este caso. Había gente que escuchaba que no tiene posibilidades de expresarse, más que por teléfono diciendo "quiero que pasen un disco de tal" y muchas veces ni siquiera eso pasa. Entonces ahora con las posibilidades técnicas de guitarras de última generación, de equipos amplificadores de otra generación, ya sin urgencias económicas, entonces bueno, "vamos a tocar". Y eso estamos haciendo, nos juntamos con los amigos y tocamos así. Lo mismo que hacemos en la casa del (Hugo) Trova lo hacemos en un escenario: vamos y tocamos. Y nos divertimos, tratamos de hacerlo bien, tratamos que la gente escuche. Lo nuestro no es un mensaje lleno de poesía, o por lo menos así lo creo yo ¿no? No pretende ser una cosa trascendente, pero sí una cosa que muchas veces pinta un poco la vida de la gente.

Yo apunto a la parte compositiva personal tuya, más allá del rodaje que estén teniendo. En otras entrevistas he leído que has buscado siempre un cambio, ¿ahora estás en algo de eso?

Estoy componiendo por lo general sobre las mismas cosas. Si yo por ejemplo te explico que en los bordoneos podés encontrar los ritmos de candombe y de murga, en las cuerdas agudas vos podés escuchar un poco de música folk, que son las bases, las influencias que yo tengo; no ha cambiado absolutamente nada. Cruzar el río, que es una de las últimas cosas que hice, es básicamente una milonga, pero si vos la adelantás se puede transformar en una especie de candombe, como sé que hay gente que la toca así; si lo atrasás un poco se puede transformar en una especie de gospel. Ayer lo escuchaba a Ruben Rada que hacía una versión muy sui generis de Cruzar el río ¿no?, en definitiva atrasa un poco la cosa y Cruzar el río se transforma.

O sea que depende mucho del intérprete...

Depende de la interpretación, del arreglo que le quieras hacer, de las influencias que a su vez tengas acerca de música.

Pero la búsqueda sigue siendo la misma.

Por supuesto. No estar aferrado a nada.

Con respecto a la milonga en sí misma: vos has dicho que lo que hacías antes no era milonga, ¿cómo es eso?

Claro, yo siempre trato de hacer milonga, el asunto es que yo no sé tocar milonga; me remito a Marcos Velázquez que dice que lo que yo toco es habanera. Y no lo dudo porque yo no sé. Yo miraba al petiso Humberto Piñeyro de Los Zucará, y en vida el petiso tocaba una milonga que era muy campera, muy criolla, que yo nunca voy a poder tocar una cosa así, para mí es imposible. Una milonga tradicional yo no la puedo hacer. Trato de tocar algo parecido, y son las influencias, si vos escuchás una milonga que toco yo suena a Willie Nelson y no a Alfredo Zitarrosa, o a Humberto Piñeyro, o a Yupanqui por ejemplo; no sé tocar.

Será una milonga distinta...

Es distinta. Como decía el "bocha" Benavides: son "milongas degeneradas".

Hugo Trova me hablaba hace un tiempo de que él está buscando defender una raíz cultural haciendo candombe, está en esa postura. ¿A vos te pasa algo igual?, ¿sentís que hay algo para defender?

Yo creo que sí. Nosotros en una época fuimos revolucionarios y buscábamos el cambio, en estos momentos somos conservadores. Porque tratamos de conservar las raíces, tratamos de conservar la parte de la cultura nacional en medio de esta locura que se llama globalización, que pretende imponer un solo estilo de vida que es el "american way" y una sola historia. Es decir, nosotros sabemos quiénes fueron los Defensores del Álamo pero preguntamos a nuestros hijos asuntos de la historia nacional y no los saben ¿entendés?, tenemos una cultura muy televisiva. No conocemos nuestra historia, nuestras raíces, es como que hemos olvidado una cantidad de cosas, que muchas de esas cosas se aprenden leyendo y resulta que los gurises ahora no leen porque los libros tienen dentadura postiza y muerden, entonces no leen. Entonces de alguna forma hay que defenderlo. Nuestra forma es haciendo milonga, candombe, mantenemos vivo un poco el sentimiento de lo que es la tradición. En el sentido de tradición hablo en mi caso de una cantidad de elementos musicales que se pueden dar y pueden ser utilizados en música que nosotros queremos denominar "nacional".

¿Y el rock?

El rock a esta altura del partido ya trascendió fronteras, culturas...

No, pero digo a vos, ¿no te tira de repente hacer algo de eso?

Insisto, si vos agarrás una cosa que haya escrito yo es un rocanrol. Quizás hacia el norte es una milonga, que tocada de otra forma es un rocanrol, eso está ahí presente. Alfredo (Zitarrosa) decía que todo era milonga, y yo digo que todo es milonga y además rocanrol.

De aquel cambio que querían hacer antes, o sea, década del ’70, ¿qué quedó de eso? ¿Hubo cambio?

Y sí, ¿qué te parece?

No sé, yo no estaba.

Claro. Nosotros empezamos haciendo rocanrol imitando sonidos, de ahí en adelante empezamos a buscar cambios, y nosotros con Montevideo Blues hicimos cosas que hasta ahora no se han repetido. Hicimos malambo con ritmo de 6x8, hicimos milonga con rocanrol, hicimos cielitos con guitarra eléctrica, cosas que por ejemplo (Daniel) Viglietti nos escuchó una vez y yo dije: "bueno, ahora salgo de acá y el ‘flaco’ me mata" ¿no? Y el "flaco" me paró y me dijo: "si yo hubiera sabido que ustedes existían, uno de los últimos discos que yo grabé lo grababa con ustedes", por el sonido, por la forma de hacer las cosas. Y me decía además: "nunca le des mucha bola a los puristas porque ser tan purista llega a acercarte al fascismo". Se trata de hacer lo que tenés que hacer. Porque en ningún lado está escrito que no se pueda tocar una milonga con guitarra eléctrica.

Porque había gente que los miraba de reojo...

Ah, por supuesto. Y nos sigue mirando de reojo.

¿Ahora?

Por supuesto, claro, por supuesto. Hay gente que deliberadamente te ignora. Porque se forman las pequeñas "chacras de poder" que son los pequeños círculos que buscan la forma de poder promocionar a los integrantes de la "chacra", de ese pequeño círculo en desmedro del resto, sea quien sea. Entonces contra eso lo único que nosotros podemos oponer es el movimiento. El movimiento se demuestra andando y nosotros andamos. Vamos a tocar a cualquier lado, y tocamos exactamente la misma cosa acá y allá. Y la cosa funciona. Ayer de noche fuimos a un lugar que hasta la quinta o la sexta canción estaba renuente a escuchar, no quería, y de la sexta canción en adelante encontramos una cantidad de personas muy jóvenes, acostumbradas a otro tipo de música, que al final habían hecho un círculo alrededor de donde estábamos los músicos y escuchaba. Entonces vos decís: "bueno, la música calma a las fieras", y lo hicimos.

Trasciende generaciones...

Son generaciones diferentes. Nos van a ver los padres que nos escuchaban y nos van a ver los hijos que no nos conocen.

¿Cómo sentís eso de tener algunas canciones que pasaron por arriba de varias generaciones? ¿Eso personalmente cómo se interpreta?

Es una gran responsabilidad, pero yo lo interpreto desde el punto de vista en que los asuntos tocados por esas canciones siguen siendo exactamente los mismos. La baguala del emigrante tiene cerca de cuarenta años y estamos hablando de la misma historia: gente que se va del país porque en su país no puede trabajar. Gente que tiene problemas... muchachos jóvenes que tienen problemas de poder vivir con su pareja, o de poder relacionarse en una forma normal porque no tiene el lugar donde hacerlo. Y seguimos con la misma historia, los culpables de la situación económica siempre son los maestros, o los jubilados, o los problemas exteriores; pero nunca los creadores de todos los problemas. Y yo te digo que he pasado hambre, he pasado frío, y he tenido problemas para comprar un litro de leche para mis hijos. Y los creadores de los problemas siempre la siguen tirando para adelante. Si yo te doy a leer a vos diarios de los años ’50 y de los años ’60 la historia se repite: "dentro de seis meses vamos a ver la mejora", "este año no, pero el año que viene sí, queridos compatriotas, vamos a vivir fenómeno", y seguimos en la misma historia. Y siempre la culpa la tienen los mercados internacionales, pero nunca la mala conducción económica que conduce a los desastres sociales que tiene este país. Siempre la culpa es de los jubilados, de los maestros, de los empleados de la salud, y por supuesto siempre la culpa es de la izquierda ¿no? Pero nunca hay un mea culpa de decir: "nosotros metimos la pata hasta el cuadril, nos equivocamos". Todo eso, cuando un músico o un compositor mira a su alrededor y ve como viven sus hermanos, lo cuenta en una canción. Por eso lamentablemente hay canciones que tienen vigencia, y no es mi culpa.

Está bien que le des trascendencia a la realidad social, pero me da la impresión de que le sacás trascendencia a la canción en sí misma, o sea, las canciones se ve que son buenas...

Pero no soy yo quien voy a decirlo.

No sé, el tema es cómo lo sientas. De repente vos no las sentís como buenas... pero algo tienen.

Y algo deben tener, pero no seré yo quien diga que son clásicos, ni que trascendieron, ni nada por el estilo. Yo digo que por suerte, o por una extraña alquimia o lo que sea, hay mucha gente que las canta y muchas veces no saben quién la escribió, ¿entendés? Y ahí me voy de la mano con Ruben Lena que decía que cuando una canción pasa a ser de dominio popular recién ahí pasa a ser popular. Entonces cuando la gente las canta y no sabe quién las escribió y no le importa, entonces ahí lograste ser popular, recién ahí. Mientras tanto es cuestión de entendidos, de gente que puede que sepa mucho más que vos y diga: "esto está bien", pero yo por lo general no me la creo. O sea, hay gente que dice que soy un ícono. Y yo digo que están todos locos; yo garco ¿eh?, todos los días, hago pichí, y tengo que ir a la carnicería y tengo que ir al almacén, y tomo vino, y todo eso lo tengo que comprar y tengo que ir a algún lado, no soy... no soy una cosa que sale de las nubes, se presenta y después se va. No, o sea, yo agradezco mucho esa clase de comentarios pero los mantengo en el lugar en que deben estar ¿no?

Tal vez musicalmente, para mí por lo menos, generás mucha cosa por el lado de la sencillez. O sea, hacés algo profundo y sencillo.

Claro, es simple y sencillo. Lo profundo yo creo que todas las personas lo ven y muchas veces quizá no lo puedan describir. La única diferencia entre una persona que haga una hermosa mesa y otra persona que haga una hermosa "moña" en el área y sea capaz de hacer un gol, es que saben hacer eso porque quizá no sepan escribir canciones. Yo puedo escribir una canción pero no puedo jugar al fútbol, y por favor no me dejen agarrar un serrucho porque soy un asesino; cada cual en lo suyo, de eso se trata.

Cuando escuchás las versiones que le han hecho a tus temas, ¿cómo lo sentís?

Y yo digo que están más locos que yo, porque yo lo escribí pero ellos lo recrean; igual me parece bárbaro, claro. Y a veces he escuchado versiones de Vientos del sur en rock pesado, he escuchado Arma de doble filo con guitarras eléctricas distorsionadas, y eso representa más allá del aspecto sonoro también un estado de ánimo. Porque cuando vos tocás una guitarra con distorsionador y con fuerza, estás hablando con rabia, estás haciendo escuchar tu protesta, estás diciendo que la sociedad no es lo que tendría que ser. Hay muchas cosas atrás de cada sonido de una guitarra eléctrica, no puedo explicarlo mejor porque no tengo palabras. No por embromar se agarra una guitarra eléctrica que es un instrumento que muchas veces es un arma, y se apreta el distorsionador y se le busca ese sonido agresivo que es por algo. Porque la agresión está adentro de uno, pero ¿por qué?, porque uno está siendo agredido todos los días, y muchas veces no se da cuenta. Prendés la televisión y estás siendo agredido. Escuchás la radio y estás siendo agredido, con muchas cosas. El otro día decíamos con "el" Trova de que toda una manga de tipos que no han hecho absolutamente nada, que no han hecho nada verdaderamente importante, vienen al Uruguay y festejan La Noche de la Nostalgia, y es la nostalgia de lo que le pagan los dólares, porque los locos se van encantados con la nostalgia pero con el bolso lleno de plata ¿no? ¿Y los músicos uruguayos qué?, ¿con los músicos uruguayos qué pasa? Cuando vos vas a los canales de televisión resulta que no te dejan entrar, con todo el sacrificio que tenés que hacer, y resulta que le hacen notas a Fernando de Madariaga. Y nosotros que estábamos ahí en la puerta y nos piden por favor que disculpemos: "pero lo que pasa es que está Fernando de Madariaga y no nos da el tiempo". Y vos decís: "muchas gracias" y también le hacés la cruz, nunca más. En definitiva, ¿para qué tengo que ir yo a un programa de televisión?, ¿a qué?, es como que me hicieran "el favor" de invitarme, por favor, ‘tamos todos locos. No sé si me fui del tema, no me acuerdo que fue lo que me preguntaste pero vamo’ a decir las cosas como son, escuchame: somos una colonia. Viene cualquier "cara de loco" y le llenan los bolsillos de guita, y a los uruguayos le patean el ojete pa’ sacarle. Escuchame, vos hacés audiciones de música del Uruguay y resulta que es como decía Rada: "en definitiva si pasás únicamente música del Uruguay es como si la música del Uruguay tuviera lepra".

Porque la diferencia la está haciendo uno ahí...

Ya sé, lo que quiero que entiendas es que prefieren pasar esa música que no tiene ni pies ni cabeza, o cosas insoportables como estos que se hacen los trolos que cantan "el chabón"; y después los otros que dicen "voy a comeeeerte el corazón" y hacen bolero con bombo legüero; y otra que no sirve para nada y lo único que hace es revolear el poncho porque ni siquiera canta, y que ya casi está en el olvido. Y no hablo de la parte humana, porque yo no los conozco, hablo de la parte de música, o sea, cualquier cosa sirve con tal de no pasar música uruguaya, que está bien grabada, que está hecha con sacrificio, que está hecha con cariño hacia sus cosas, que habla de la gente, que habla del entorno en que vive. Y se trata por todos los medios de no pasarla. Y viene cualquiera con un disquito abajo del brazo, o con un video, y lo pasan, y a los uruguayos ya se les niega a tocar en la televisión, y eso está mal, está mal. No disponemos del mismo nivel de representatividad que puede disponer cualquier otro que viene de afuera.

Entonces allá en Dolores estás como en un exilo musical, porque allá pasan mucho menos música que acá, te deben dar menos "bolilla"...

No, mirá, en Dolores la gente que me conoce y sabe que es lo que estoy haciendo es poca, es cierto, pero cuando nosotros fuimos a tocar con La Dolores hicimos un espectáculo de entrada gratuita para todo el mundo, el teatro se llenó y quedó gente afuera. Fuimos a tocar a diversas actividades sociales de carácter benéfico: para el hospital, para los niños, para los ancianos, y estaba lleno de gente. Acá el hecho concreto no es el problema de Dolores, acá no se trata de eso, se trata de que no se le da la oportunidad al artista uruguayo, al artista nacional, de manifestarse al mismo nivel y con la misma asiduidad que se les da a los extranjeros. Es decir, que una cosa tan sencilla como pasar música nacional, como por ejemplo hacen muy bien los argentinos y los brasileros que dicen: "primero nosotros y después los demás", nosotros somos tan caballerosos que decimos "primero los demás y después nosotros". Pasar música nacional hasta ahora se ha vuelto una especie de "quijotada".

Una rareza...

Claro, en la radio San Salvador de Dolores yo durante mucho tiempo tuve un espacio de media hora, y se pasaba música nacional, media hora. Muchísima gente en la calle me paraba para felicitarme, para agradecerme que pasara música nacional, y el ochenta por ciento de la gente me decía: "yo no sabía que teníamos tantos músicos y tan buenos"… Tenemos que buscar la forma de estar presentes, de molestar, se trata de eso, es tratar de molestar.

¿Qué vas a hacer ahora para adelante?, ¿composición, toques?

Mirá, nos queda para mañana Fray Bentos, nos queda el Teatro Macció, y después de ahí yo creo que durante un tiempo voy a estar ya en el medio del campo, sobreviviendo, yendo a trabajar, como cualquier hijo de vecino.

Como un ícono.

Como ícono de vecino.

¿Estás tocando allá con los muchachos de La Dolores?

No, no, La Dolores y yo no tocamos más.

¿Pero no te juntás con nadie allá?, ¿tocás solo?

Sí, sí, tranquilo. Dos por tres agarro la guitarra, cuando Santiago permite un poco de paz agarro la guitarra… Creo que vamos a seguir caminando, vamos a seguir tocando, vamos a seguir mostrando y demostrando un mensaje que es típicamente uruguayo, de cosas que le pasan a los uruguayos, postales musicales de lo que nosotros estamos haciendo ¿no?, que nos representan a todos. Porque si le pasan al Hugo Trova o me pasan a mí le pasan al ochenta por ciento de los uruguayos. Estamos hablando de una sociedad que tiene sus problemas, que tiene sus identidades. Vos hace un rato me hablabas de las canciones, yo te digo que La baguala del emigrante se escribió en 1975 y resulta que ahora me entero por un informativo de Canal 4, lo cual quiere decir que no lo recogí de una fuente de izquierda, que doscientos cincuenta mil uruguayos se han ido en menos de cinco años. Ahora la pregunta es ¿por qué se van?, ¿se van porque viven tan bien que no soportan, entonces quieren ir a pasar un poco de hambre a otro lado?, ¿o se van por otra cosa? ¿Y eso no es un motivo para una canción?, ¿qué quiere decir tener que irte del país?; ¿alguna vez te fuiste del país?, con tus años jóvenes, ¿alguna vez te fuiste? Yo creo que irte de tu país representa que te vas y es como que te cortaran el piso abajo de tus pies. Y que te falta el aire que respirás, los olores habituales, te falta tu mujer, te falta tu madre, tu padre, si tenés hijos te faltan tus hijos, te falta la música, te faltan los avisos del fútbol ¿eh?, te falta el "acá estoy a toda uva como Vinos Enriquetaaa...", te falta la Vuelta Ciclista... te falta. Ves el informativo y resulta que te falta... te falta todo, estás como huérfano en otro lado, estás en otro mundo y no tenés donde agarrarte. Y en ese mundo en el que no tenés donde agarrarte tenés que salir adelante. Y lo único que tenés son tus manos y el ímpetu que tengas para salir a cualquier cosa.

¿Volviste por eso?

Volví porque no soportaba más. Yo estaba bien, tenía permiso de estadía en Suiza y dije: "acá no tengo nada que hacer". Cuando le dije al hombre de la Policía de extranjeros que yo me venía porque yo no tenía nada que hacer en Suiza, el tipo me miraba como diciendo: "este es un bicho raro" ¿no? El noventa por ciento de la gente pelea por quedarse, yo estaba peleando por irme lo más rápido posible. Porque te faltan una cantidad de cosas, porque esto que estamos haciendo ahora (tomar mate) lo podíamos hacer adentro de una casa, el mate y el termo. Porque si salías a la calle había multitudes de curiosos que miraban lo que estabas haciendo, como si estuvieras drogándote, yo que sé… Insisto, en Suiza yo miraba el paisaje y acá soy parte del paisaje, la diferencia es notoria.

Juan Castel

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