SieteNotas

Graffolitas, gusanos del punk

27/03/2003

Graffolitas es el nombre científico que se le da al gusano que pudre el durazno. Ellos son del departamento de Durazno y para ser una banda que "pudre" las cosas, siempre tuvieron el apoyo incondicional de su gente; de hecho fueron la banda más votada en el concurso Pepsi Bandplugged.

Ahora Claudio Pickinela (voz), Nicolás Bessonart (guitarra), Gonzalo Pombo (bajo) y Tito Colina (batería) se proponen aprovechar esta creciente popularidad para dar a conocer sus nuevos temas y empezar a grabar su segundo disco.

Es por esto que entrevistamos a Claudio Pickinela quien nos habló del pasado, presente y futuro de Graffolitas.


- Generalmente los grupos de Montevideo siempre hablan de ir a tocar al interior, ¿pero cómo es ser del interior y llegar a Montevideo?

- Cuando nosotros arrancamos a tocar en Durazno, como que recién se estaba empezando a escuchar rock de una forma más masiva. Sí se escuchaba rock, pero era poco, la mayoría de la gente escuchaba todo tipo de música, no tenían un referente. Incluso cuando nosotros empezamos a tocar, no tenía nada que ver con lo que hacemos ahora. Teníamos dos integrantes más: un percusionista y otra guitarra, y hacíamos mezclas: hacíamos guajiras, rocanroles... una mezcla de cosas.

- ¿Todos temas de ustedes?

- Sí, siempre temas nuestros. Y los covers que empezamos a hacer fueron un tema de La Tabaré y uno de La Polla Records; que La Polla hace diez años atrás recién estaba llegando a Durazno en un cassette grabado treinta veces arriba, que no se escuchaba nada. Incluso el cover que hacíamos nosotros lo habíamos sacado de ese cassette, y se ve que cuando lo estaban grabando, el disco saltó y repetía tres veces una parte, pero quedaba impecable, ni se notaba; y nosotros cantábamos y también repetíamos esa parte tres veces. Después cuando escuchamos el disco original decíamos: "nooo, mirá lo que estábamos haciendo" (Risas).

Pero claro, después nos vinimos para Montevideo, por razones de estudio y por razones de laburo... Incluso estando en Durazno vinimos a tocar algunas veces acá, toques que nos conseguía gente de Durazno que estaba acá. Y para nosotros claro, venir a tocar acá era lo máximo que se podía hacer, sobre todo porque allá no había lugares para tocar. Aunque cuando recién salimos hubo una etapa que tocábamos bastante seguido, en la calle muchas veces... Porque claro, dentro de todo éramos la única banda de rock que había en Durazno. En la década del setenta había habido bandas, pero todo eso murió y nunca más. Y claro, al principio hubo una serie de toques, pero después ya se nos complicaba ensayar, no tocábamos nunca... entonces venir acá era otra cosa. Ahora creo que después de un camino recorrido acá, la idea es ir a tocar al interior; el interior es la otra mitad del Uruguay. También es difícil para la gente del interior llevar una banda de rock, primero porque no es de la música que más se escucha y segundo por un tema de costos.

- Entonces el rock and roll no es de lo que más se escucha en el interior...

- Lo que pasa es que en el interior yo digo que hay un antes y un después del cable. Porque con la venida del cable, musicalmente se abrió mucho la cabeza: vos podías ver otro tipo de música que antes no. De hace ocho años atrás a esta parte, en Durazno por lo menos, hay un movimiento mucho más grande de gente que escucha rock. Se nota cuando vamos a tocar.

- ¿Te acordás de la primera vez que tocaron frente al público?

- La primera vez que tocamos fue ante dos mil personas (Risas). Fue un primero de diciembre, el día de la lucha contra el sida. Había un acto en la plaza principal, entonces nos dijeron: "¿podrían hacer una canción para este día?", y dijimos que sí. Hicimos una canción y esa fue la primera vez que tocamos. Lo que pasa es que después de nosotros tocaba Pablo Estramín, entonces la plaza estaba repleta.

- ¿Y la gente como los recibió?

- Bastante bien. Mirá que éramos horribles. Ahora han surgido otras bandas en Durazno que uno nota que arrancan con otra base, ya arrancan sonado bien. Nosotros éramos horribles, pero mal, lamentable; pero como éramos la primera banda de rock a la gente le cayó bien, siempre nos dieron para adelante. Esa fue unas de las cosas que nos ayudó a seguir, porque mirá que era difícil: no poder ensayar porque no teníamos nada, no tocás nunca, eran unas tranzas bárbaras y llega un momento que te cansa. Pero la gente de Durazno siempre nos apoyaba.

- ¿Y cómo fue la venida a Montevideo?

- En principio teníamos el problema de que no nos vinimos los cuatro: empezamos a venir de a uno. Unos acá y otros allá, más complicado todavía. Hasta que al final nos vinimos para acá todos y después empezó a rodar un poco más la cosa. Tratamos de coordinar horarios para ensayar un poco más seguido, que se nos hizo cuesta arriba por un tema de horarios y porque somos unos pelotudos bárbaros. Pero estando acá los cuatro ya era otra cosa, acá teníamos sala: juntábamos algún pesito y teníamos un lugar a donde ir a ensayar.

- ¿Allá ensayaban en cualquier lado?

- Mirá, Gonzalo enchufaba el bajo en un equipo de música viejo que tenía, que lo hizo mierda, lo partió al medio (Risas). Y a veces le pedíamos a la Banda Municipal los cubos, que estaban en la Casa de la Cultura y por ahí podíamos ensayar. Pero era difícil: no siempre te los prestaban y no había tantos equipos. Ahora por ejemplo, vas a ensayar allá y hay otras bandas que te pueden facilitar las cosas.

- Hoy al principio me decías que eran seis en la banda y no hacían la música que hacen ahora. ¿Cómo es que fue cambiando la cosa?

- El cambio se fue dando después de que nos vinimos para acá. Obviamente acá se nos abrió el espectro musical, entonces por ahí la influencia de Buitres y más que nada de La Polla Records nos empezó a encaminar al punk. También había unos problemas de equipos: nosotros hacíamos algunos temas medios punk, pero los hacíamos con guitarra criolla, no teníamos un pedal por ejemplo... un espanto (Risas). Después fuimos adquiriendo los instrumentos, tuvimos pedal, y las influencias, obviamente, fueron cada vez más marcadas.

Uno de los guitarristas quedó allá, ya había dejado de tocar estando en Durazno. Y el percusionista claro, a medida que fuimos cambiando el estilo musical fue quedando más para el costado y un día vino y me dijo: "todo bien, pero haciendo este tipo de música yo cada vez tengo menos cabida". Pero quedó todo bien de bien, y al final quedamos los cuatro.

- ¿Cómo llegaron al disco?

- Demoramos un año en grabarlo. Lo hicimos a pulmón, poniendo guita nosotros y con la ayuda de muchísima gente, pero muchííííííííísima gente. Por ejemplo: un amigo que está allá nos hizo todo el diseño de la tapa. Nosotros le compramos las hojas y los cartuchos, lo imprimíamos y con el sprite de pegar armábamos las tapas en nuestra casa; fue muy artesanal. Hubo apoyo económico de un montón de gente que nos prestó guita porque nosotros no teníamos. De hecho sacamos cien discos y no pudimos hacer más: la plata que hicimos fue para pagar lo que debíamos.

- ¿Cuándo lo empezaron a grabar?

- Lo empezamos a grabar a mediados del ‘99 y lo terminamos a fines del 2000. Lo grabamos en La Clave y quedamos recontentos con el sonido del disco, el diseño de la tapa quedó muy lindo... Era un disco, más allá que no era un disco oficial, estaba prolijo.

- ¿Se tenían confianza en el momento de anotarse en el concurso Pepsi Bandplugged?

- Obviamente nos anotamos con la idea de que podíamos entrar, nos teníamos fe sino no nos hubiésemos anotado nada. Cuando sentimos que se habían anotado 800 bandas se nos cayó el alma al piso. Cuando nos llamaron y nos dijeron que habíamos quedado entre las 88, saltábamos en una pata.

- Pero llegaron hasta la final.

- Lo que pasa es que después que estás metido en el baile, hay que bailar y querés llegar lo más adelante posible. Pero ya el hecho de estar entre los 88 era un logro. Y ni que hablar que el concurso este nos abrió un montón de puertas que por ahí no se nos iban a abrir nunca.

- Y cuando estaban entre las seis finalistas: ¿cómo la veían para ganar?

- En realidad todas las bandas que estaban tenían un nivel musical muy bueno, y la gran mayoría mejor que el nuestro, porque dentro de todo el punk no es musicalmente brillante. Entonces la veíamos difícil, y también esto es muy subjetivo por parte del jurado.

- Ahora: ¿sé tenían confianza con el respaldo de la gente?

- Yo no me esperaba tanto respaldo de la gente.

- ¿Supieron cuantos votos tuvieron?

- Sí, el día ese que fue la final tuvimos ochocientos y pico de votos. También nosotros corrimos la bola en Durazno, y la gente como que se organizó y entró a mandar mails, porque llamar por teléfono de allá es más complicado, ya sale más caro (Risas) . Y después votó mucha gente de Montevideo. Incluso el día que fuimos a recibir los premios, estaba el que salió sorteado con la moto [entre todos lo que votaban se sorteaba una moto] y nos dijo: "mis hijas los votaron a ustedes" (Risas).

- Me contaron que el día que se hizo el toque con los finalistas en El Teatro de Verano, entre ustedes y Trotsky se llevaban buena parte del público.

- El Teatro de Verano fue... ¡páh! Ya tocar ahí para nosotros era una locura. Teníamos un cagazo que no te podés hacer una idea. Pero lo peor fue que -obviamente había gente de Durazno- cuando entramos arriba del escenario a probar los instrumentos, se entró a parar todo el mundo y entraron a aplaudir; entonces el cagazo se fue al doble (Risas). Contábamos también con eso, que estaba la gente que seguía a Trotsky, que mal o bien somos del mismo palo.

Para mí el premio mayor fue ese: tocar en el Teatro de Verano. Es como que entrás a tocar y cuando le agarrás el gustito no te querés bajar más. Teníamos 25 minutos para tocar. Nosotros fuimos lo más agradecidos en ese sentido porque las canciones nuestras duran dos minutos, entonces tocamos como diez (Risas). Y sobre todo ver la reacción de la gente, que quedamos de cara porque no la esperábamos. Eso fue lo mejor: que la gente te reciba bien.

- De las otras cinco bandas finalistas: ¿vos a cuál hubieses elegido?

- La que me gustó más a mí fue Bufón. Y las otras bandas no sé, no me gusta mucho la música que hacen. Son muy buenos músicos pero la música que hacen no me gusta. Bufón sí me gustó.

- ¿Qué cosas cambiaron después del concurso?

- Y que ves que lo que uno está haciendo la gente lo recibe bien. Eso te da una inyección tremenda y te da más ganas de seguir adelante, de hacer temas nuevos, de tocar y de que día a día se vaya sumando gente nueva.
Se ha abierto un poco más el espectro de gente que nos va a ver, eso es lo mejor que nos ha dado esto.
Y después el tema de que gracias al concurso por fin pudimos comprar equipos después de diez años, porque no teníamos nada, solamente los instrumentos.

- De ahora en más, ¿qué pasa?

- Bueno, ahora la idea es ver si se puede sacar un disco a la calle. Está complicado pero hay posibilidades. Hay una amiga: Anahí, que con el tema de organización de las cosas, que ya de por sí con las bolas que tenemos los cuatro llegó un momento que teníamos que tocar, teníamos que ocuparnos de conseguir esto, de conseguir lo otro... era una demencia. Date cuenta que nosotros pasamos de tocar una vez cada tres meses a, en quince días, tocar en El Teatro de Verano, en Pachamama, en la Fiesta X... Ese poquito así nos desbordó. Entonces esta amiga nuestra se ocupó de toda esta parte.

La idea es empezar a tocar un poco más y sacar el disco. Porque tenemos temas que están sonando en la radio pero ya está, pasaron tres años. Aparte tenemos temas nuevos, hemos madurados mucho y por ahí no salen otro tipo de letras. También la situación ha cambiado: de aquel Uruguay que vivíamos nosotros en el interior a ver esta realidad, como que tenemos un montón de letras ya más contestatarias. Porque vos tenés un micrófono en la mano y tenés la posibilidad de llegar a un montón de gente, tenés la posibilidad de decir un montón de cosas que la sentís vos y sabés que la siente mucha gente.

Nicolás Hidalgo

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