SieteNotas

Ruben Rada y Jorge Drexler en Teatro de Verano

08/12/2000

Cuatro en uno

Aunque parece el texto de un spot publicitario sobre las virtudes de un producto, o una oferta de los locales comerciales onda "todo por...", no es ninguna de esas cosas, es o pretende ser, el título de una nota; no de una crítica musical, porque quien suscribe no es músico, sino de un comentario de un toque que en realidad fueron cuatro, un concierto de cuatro recitales.

Viernes 8 de diciembre. Teatro de verano Ramón Collazo. A pesar de todos los informes meteorológicos una noche espléndida y las instalaciones del teatro colmadas.

1 de 4: La Otra

Pasadas las 21:30 horas e introducción del maestro Ruben Rada mediante, se presentó el cuarteto vocal La Otra. Sin enchufes, sin instrumentos y haciendo como ellas suelen decir "música popular a capella", estas cuatro voces femeninas cautivaron a todo el teatro de verano. Aunque tienen dos años de vida y ya habían sido teloneras entre otros, de Rada en la presentación en el Cine Teatro Plaza de su disco Black, muchos de los presentes era la primera vez que veían a este singular cuarteto integrado por Ana Prada, Beatriz Fernández, Sara Sabah y Lea Bensassón y evidentemente se llevaron una grata sorpresa con el "descubrimiento".

Demostrando talento y virtuosismo vocal interpretaron temas de Caetano Veloso, Ruben Rada, Fernando Cabrera, Jaime Roos y Urbano Moraes, haciendo emerger un mar de aplausos en más de una oportunidad y terminando - como no podía ser de otro modo - con el tema Misilis blues, uno de los favoritos no sólo del público que las sigue sino también de ellas, por el peso afectivo que el verso "Sister remember your name" posee para este grupo que, como ustedes ya saben, por razones más que injustas debieron cambiar por La Otra su nombre original: Tu hermana. Más allá de designaciones y nomenclaturas, la actuación de las recientemente galardonadas en el festival regional Sinhá de Brasil fue, sin eufemismos, sobresaliente.

2 de 4: Joe Vasconcellos

El paso de Joe Vasconcellos por Montevideo fue soberbio. Para muchos desconocido hasta ese momento, el músico chileno la rompió, brindó un show alucinante y definitivamente se ganó a un público que no había ido a verlo. Las razones, dos: talento y buena onda: un cóctel que siempre funciona. A nivel musical la conjunción de sonoridades latinas varias y ritmos regionales diversos, asociados a letras comprometidas como Consciencia o Ciudad traicionera, o de amor que no caen en lugares comunes como Huellas, da como resultado una suerte de "collage sonoro" bien interesante, que según dicen está matando en el país andino. Pero además de su música, cautivaron su humildad y su autenticidad: con un swing impresionante, Vasconcellos no podía disimular que estaba super emocionado y realmente se entregó: se tocó todo, desde la guitarra hasta la armónica, desde las congas hasta un chifle, siempre respaldado por una banda de trece músicos que la gastaron igual que él, en especial los vientos y la percusión: impecables.

3 de 4: Jorge Drexler

Solito, con su instrumento de seis cuerdas y un sample de pedal con el que no dispara nada pregrabado sino que hace loops a partir de percusiones en la guitarra o cosas hechas con la voz, apareció en escena pasadas las 11 de la noche, quien fuera hasta hace unos años un secreto injustamente reservado al público uruguayo: Jorge Drexler.

Este cantautor sutil e intimista, de inusitada altura poética que, tras haber sido "descubierto" en diciembre de 1994 por Joaquín Sabina, compuso canciones entre otros para Ana Belén, Ketama y Luis Eduardo Aute, dio una impecable muestra de su arte, logrando conmover a un público que durante esa especie de recital acústico inicial, hizo un silencio sepulcral y durante la segunda parte con toda la banda, bailó y aplaudió a rabiar.

Drexler se presentó junto a: Martín Muguerza en la batería, Gonzalo Gutiérrez en el bajo, Tato Moraes en la guitarra, Edú Lombardo en la percusión, Lobo Nuñez en el tambor piano, Foqué Gómez en el tambor chico, Noé Nuñez en el tambor repique, Juan Campodónico en la guitarra y Carlos Casacuberta en teclados y samples. Subiendo peldaño a peldaño hasta la cima de un show que cualquier espectador calificaría de magnífico, el artista embrujó a una audiencia que venía dispuesta a la sugestión del arte, aunque no a un verdadero hechizo, ¿cómo lo logró? primero con su voz: pequeña, deliciosa, como un susurro, cantando con delicadeza y ductilidad expresiva y haciendo un recorrido básicamente por Frontera - su último disco - pero también por Llueve, Vaivén y Radar no así - y si mal no recuerdo - por La luz que sabe robar.

Segundo con sus letras, que emocionan, que enamoran, donde la ternura, la sutileza y la sensibilidad no dejan de estar presentes. Además de composiciones bellísimas como Zamba del olvido, Al sur del sur, La edad del cielo o De amor y de casualidad, cantó según él en una especie de serenata Alto el fuego junto al maestro Rada y regaló un fragmento de Beautiful boy en homenaje a John Lennon a los veinte años de su muerte. Sus últimos temas tras volver al escenario dos veces mientras todo el teatro aplaudía de pie, fueron Memoria del cuero - según él el leit motiv de su último CD - Frontera, Antes y Río abajo.

Y para finalizar los pasos que llevan al conjuro está la música: un sonido muy rico en matices, mezcla de distintos géneros del folklore rioplatense y de ritmos regionales diversos, a partir de los cuales con gusto exquisito, como dijera un cronista este "ciudadano del mundo", este "acentuado uruguayo", construye candombes, zambas y milongas logrando con arreglos sutiles embellecer hasta los versos más melancólicos y fusionar en una misma propuesta, los elementos más esenciales y arcaicos de la música, con lo más novedoso en materia de avances tecnológicos.

Talento, artesanía y ternura, emoción y sutileza, sensibilidad y poesía, son los sabores que quedan, son las fragancias que perduran, luego de un toque que fue sencillamente, brillante.

4 de 4: Ruben Rada

Si Drexler logró una comunicación intensa con el público generando un clima de cercanía e intimidad, Ruben Rada hizo lo propio pero apelando a otros resortes, y generando otro clima: de fiesta, de agite, de alegría.

Más allá de que es por lejos el número uno, de que es un mojón fundamental en la historia de la música uruguaya; lo fascinante de este negro genial radica precisamente en sus dotes de showman, de animador, en esa capacidad inigualable e indiscutible para lograr arrancarle a la gente como él dijera "toda esa locura" y obligarla a participar y a disfrutar.

Además de su repertorio habitual, cantó temas como Mi país, Cha cha cha muchacha y Muriendo de plena, incluidos en Quien va a Cantar su nuevo material, editado recientemente por Universal y producido en Argentina por Cachorro López.

Acompañado por Nelson Cedréz en batería, Tato Moraes en guitarra, Andrés Arnicho en teclados, Nicolás Arnicho Perazza en percusión, Federico Righi en bajo, Lobo Nuñez en tambor piano, Foqué Gomez en tambor chico, Noé Nuñez en tambor repique y Sara Sabah y Lea Bensassón en los coros, Rada logró, literalmente, hacer bailar y cantar a todo el teatro de verano.

En efecto, toda esta banda de gente junto con los vientos - "la cañería" dijera Rada - realmente la destrozó. El momento quizá más alto del espectáculo fue cuando compartió escenario primero con Vasconcellos interpretando Candombe para Gardel y luego con Drexler haciendo una versión magistral de El mundo entero.

Pasadas las dos de la madrugada, después de que le entregaran el disco de oro a Rada y tras haber cantado luego de un par de bisses los éxitos Loco de amor y Dame un bescho, la fiesta terminó con todos los músicos arriba del escenario y toda la gente en el teatro de verano cantando, en una suerte de coro diáfano y multiforme "funky salsa, funky salsa, a mi novia le gusta, el funky salsa...". Alucinante.

Dedito pa' bajo como dijera la gente de Guambia, solamente para dos cosas:
Para los intervalos: si bien está bueno dar un respiro para que la gente descanse y fundamentalmente consuma, cuando estos son reiterados y prolongados, se torna realmente un aburrimiento.

Para los amargos que creen que ir a un concierto es como escuchar un CD en su casa y con esa de "yo vine a escucharlo a él no a vos" literalmente te hacen callar, confirmando la tesis de Laura Canoura de que este es un país, no de reprimidos, sino de represores.
Por lo demás un show impresionante, uno de los mejores del año, con un sonido impecable de Daniel Romano en sala y Daniel Báez en monitores, con luces a la altura del acontecimiento y con entradas muy populares que permitieron que mucha gente lo pudiese disfrutar.

Analía Camargo

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Eduardo Ravelino (Contrafarsa), 09/11/2000
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