Daniel Melingo describe su música como “proto tango”. Al escucharlo, uno piensa en Tom Waits, en Paolo Conte y en Nick Cave, y sus canciones conjuran sueños e imágenes de películas y novelas de aventuras. Este blues radicalmente moderno del sur profundo es surrealista e hipnótico, romántico y vertiginoso. Podría llamárselo también “tango tosco, de callejón”.