SieteNotas

Shyra Panzardo en Espacio G

7/7/2005

distorsión femenina

¿Por qué el rock uruguayo adolece de vocalistas mujeres? Hay cientos de bandas de rock y un porcentaje de ellas son medianamente populares. Unas cuantas de esas “reconocibles” tienen a mujeres “en sus filas” como instrumentistas o en los coros. Pero en muy pocas, poquísimas, la voz principal, las letras, la escena le pertenecen a una mujer.

En otros estilos sin embargo, hay exponentes. En el tango está la “rara como encendida” Malena Muyala y desde hace un tiempo también la carismática Francis Andreu. En el género de la música popular o ciudadana, están la consagrada Laura Canoura, la exquisita Liese Lange y las finísimas Estela Magnone y Gabriela Posada. En la cuestión más pop figuran Rossana Taddei y por ahí Samantha Navarro (aunque el eclecticismo de esta última, muy rico por cierto, la hace difícil de encasillar, “Poemas” su más reciente producción es una prueba de ello). Lágrima Ríos y Gabriela Gómez podrían ser buenos ejemplos para asociar con el candombe y la murga, respectivamente. Pero en el rock parece haber un vacío. Por lo menos a nivel de popularidad (nos consta que hay muchas jóvenes integrando bandas en todo el país).

Por fortuna, asoman algunas artistas con trayectoria para cubrir ese nicho. Y ahí aparece, con su perfil bajo típico de instrumentista, su look dark casi gótico, su expresión adusta pero dulce a la vez y su registro grave y sensual, Shyra Panzardo.

“Aparece” no por novata (arrancó con la banda de covers Brumas hace más de quince años, con su bajo ha tocado y grabado “con todos” como dice León Gieco, y desde hace casi doce acompaña al entrañable Eduardo Darnauchans) sino porque debuta en primer plano, liderando. Y lo hace con una propuesta muy diferente a lo que podría suponerse a priori.

Acompañada por Francisco Etchenique en batería (que hace honor a su apellido y como su padre la rompe) y Sebastián Delgado en guitarra (¡¿de dónde salió este prodigio de 19 años que se pasea por el diapasón con una velocidad imponente?!) forma un power trío explosivo.

La presentación en sociedad fue el pasado 7 en el Espacio G. Esa noche sonaron once composiciones de Shyra. Ocho en el primer tramo en el que “No te pedí”, “Sin tu recuerdo”, “Fantasía y realidad” y “La razón” fueron quizá las más aplaudidas. Y tres más en el set de los bisses: “El otro yo”, “No estás” y “Viudanegra”. Todas contaron con alguna introducción o algún guiño que hizo reír a los presentes y que permitieron además, descubrir un notable manejo escénico de Panzardo.

“El cuento de hadas no es para mí” canta Shyra firme, con potencia pero sin grito, con la crudeza rocker pero manteniendo la sensualidad femenina. Con estilo. Y le creemos.

Analía Camargo

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