SieteNotas

Juan el que canta, Caja de pandora

1/4/2006

Hay veces que no se espera nada de un disco. Veces en que el conocimiento de una producción anterior asienta una especie de prejuicio.

Tal cosa podría sucederle a cualquiera que hubiera oído el primer trabajo de Juan el que Canta (un conjunto de canciones rockabilleras, decadentes y de una pobreza que causaba vergüenza ajena) y ahora se enfrentara con su segundo registro (Huellas Hondas, Sondor, Montevideo 2005). Dominado por la desconfianza, esta hipotética persona se dejaría penetrar por los sonidos esperando lo peor, hasta que unas guitarras super modernas (onda Franz Ferdinand) lograran llamar su atención y su ceño dejara de estar fruncido y se decidiera luego a saltar sobre el segundo track con interés, y sobre el tercero y el cuarto, y al final, tuviera que admitir que por más que no esperara nada, el nuevo disco de JEQC tiene cosas para mostrar.

En un rápido inventario, es notorio que cuenta con buenas melodías, contemporaneidad sonora y un trabajo en los arreglos que denota búsqueda del sonido apropiado. Sin ese trabajo arduo para hallar la instrumentación justa, no podría explicarse la variedad de fuentes arreglísticas que flamean sus colores de origen vistiendo el desnudo esquelético de las composiciones.

“El impacto”, por ejemplo, es un reggae con una rítmica de guitarra que recuerda a “La bestia pop” de Los Redondos, y unos fraseos de teclados tipo “Sweet dreams” de los Eurythmics. “Dos como nosotros dos” se inicia con el característico galope que -a la manera de Kiss en “I was made for loving you”- entretejen batería, bajo y algunas insinuaciones de la guitarra, mientras que “Cielo de colores” se parece en el arranque a “Roxanne” de Police y avanzada la canción adquiere una sonoridad “So lonely” de la misma agrupación. Hay cosas que tienen toda la onda de Radiohead en “Creep” o la misma construcción rítmica de la batería de “Zombie” de los Cranberries.

Lo que más resalta de la utilización de estos arreglos, es que no se oyen como una grosera copia, sino como pautas tomadas de otras geografías musicales que han sido modificadas por una cuota bien personal de inventiva. En algunos casos, esa modificación se logra por la sustitución de ciertos datos del arreglo original, o por la variación mínima del mismo, o por su ubicación en un medio musical distinto.

El riff de guitarra que da origen a “Justo a tiempo”, tiene la escuela de Franz Ferdinand pero no es un calco idéntico, mientras que el sonido de la batería de “Una luz”, siendo el mismo que el de “Zombie”, está puesto en la retaguardia del punteo de cuerdas e instrumenta una composición que está a años luz del carácter escabroso del grunge.

En el caso del tema que se parece a “Roxanne”, el parentesco tiene que ver en todo con el tempo guitarrístico y no con la melodía que dibuja esa rítmica; en tanto que la semejanza de “Otros mares” con “Creep”, se percibe en la estructura de la canción y desarrolla variantes cuando desecha la guitarra distorsionada del estribillo, y cuando dispara la guitarra luego de la introducción con loops de redobles de marcha.

Otras canciones del disco, no utilizan arreglos característicos y más bien prefieren sonar integralmente parecidas al perfil de ciertas bandas. Así, los Red Hot Chili Peppers flotan en el funky rock de “Estás cansado de ti”, mientras que el sonido de Níquel o el de la etapa solista de Jorge Nasser, se vuelven audibles en “Huellas hondas” y “Dejado por vos”, respectivamente.

Nada hay de extraño en esas influencias ya que Jorge Nasser, además de ser el productor de este disco, es el responsable de los arreglos. Su presencia debe tener mucho que ver en el cambio que JEQC produjo entre un primer disco olvidable (Entreparéntesis) y este Huellas Hondas expansivo y poblado de matices, con dos o tres canciones que lo tienen casi todo para convertirse en hits.

Leonardo Scampini

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Mario Villagrán, 16/7/2000
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